El acuerdo secreto Rubio-Cuba que Miami frustró: El combustible de EE. UU. llegó igual, pero por otra vía

Washington ofreció a Cuba el petróleo que necesita a cambio de privatizar Cupet y sacar del poder a Díaz-Canel. El pacto se rompió por la resistencia cubana y la presión de Miami, pero el combustible estadounidense siguió llegando a la isla por otra vía, y a un ritmo que se multiplicó por cientos.

Redacción11 de septiembre de 2026 · 7 min de lectura
Raúl Guillermo Rodríguez Castro, El Cangrejo, nieto de Raúl Castro y canal secreto del acuerdo energético entre Cuba y Estados Unidos

Durante meses, Washington y La Habana mantuvieron abierto un canal que ninguno de los dos gobiernos reconoció en público.

Del lado cubano no habló ningún ministro: la voz fue Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido dentro del aparato como "El Cangrejo". Del lado estadounidense, la figura central fue el secretario de Estado, Marco Rubio.

Lo que se discutía era petróleo, la urgencia que más pesa hoy sobre la isla. Cuba lleva meses con apagones que superan las veinte horas diarias en buena parte del territorio y con sus reservas de combustible al límite.

El acuerdo nunca se firmó. Pero mientras ese canal se cerraba, otra vía de combustible estadounidense hacia la isla no dejó de crecer, por un camino que no pasa ni por el régimen ni por su petrolera estatal.

Qué ofrecía Washington a cambio de la salida de Díaz-Canel

Washington puso sobre la mesa un canje directo: petróleo e inversión estadounidense para aliviar los apagones a cambio de privatizar Cupet y de la salida del poder de Miguel Díaz-Canel.

La propuesta, según una fuente con conocimiento directo de las conversaciones, consistía en un intercambio de petróleo por el control del sector energético cubano.

Estados Unidos enviaría el combustible que la isla necesita para aliviar los apagones. A cambio, Cuba tendría que privatizar Cupet, la petrolera estatal que controla refinerías, almacenamiento y distribución, y abrir esa empresa a inversionistas estadounidenses.

La contrapartida política iba más allá de lo energético: la salida del poder de Miguel Díaz-Canel. El objetivo de Washington, según esa fuente, era que inversores estadounidenses terminaran con influencia decisiva sobre el sector petrolero cubano, no solo con acceso comercial a él.

El canal secreto: Rubio y el nieto de Raúl Castro

Las conversaciones se sostuvieron fuera de los canales oficiales del gobierno cubano, en encuentros que Washington nunca calificó como "negociaciones" en público. El contacto se produjo en Saint Kitts y Nieves, en febrero, al margen de una cumbre de la CARICOM.

Un funcionario estadounidense lo resumió así: "No llamaría a esto 'negociaciones', sino 'discusiones' sobre el futuro". Otro fue más directo sobre el objetivo final de Washington: "Nuestra posición, la posición del gobierno de Estados Unidos, es que el régimen tiene que irse".

Rodríguez Castro, a quien cubafull ha seguido de cerca por su ascenso dentro del aparato de poder, no era una cara nueva en este tipo de contactos. Meses después, en julio, se ofreció a negociar directamente con Donald Trump y llegó a plantear la liberación condicionada de presos políticos, en un episodio que cubafull ya contó entonces.

El 5 de septiembre, cuando ya se gestaba la publicación de este episodio, Rodríguez Castro reapareció junto a Raúl Castro y Díaz-Canel en un acto militar en La Habana que despejó los rumores sobre el estado de salud del histórico líder. La imagen confirmó lo que las conversaciones secretas ya sugerían: el nieto sigue siendo el puente físico entre el poder histórico de los Castro y el gobierno de Díaz-Canel.

Por qué se rompió: Cuba no cedió, y Miami tampoco

El acuerdo cayó por dos frentes a la vez. Rodríguez Castro dejó claro a sus interlocutores que la familia Castro no iba a ceder el poder ni a aceptar que Washington dictara cómo se gobierna el país.

Cuba podía discutir reformas económicas, pero no una transición impuesta desde fuera.

Del lado estadounidense, el freno vino de los legisladores cubanoamericanos de Miami. Carlos Giménez y Mario Díaz-Balart cuestionaron en público que existieran negociaciones con la familia Castro.

La congresista María Elvira Salazar fue más tajante: "No vamos a hacer ningún trato con los Castro", dijo en abril, y añadió que el pueblo cubano merece libertad, no otro acuerdo que mantenga al mismo régimen en el poder.

Con ese doble rechazo, Washington cambió de estrategia: de la mesa de negociación pasó a las sanciones contra Gaesa en mayo y contra Cupet en junio.

Nuevas sanciones apuntan directo a Cupet

La presión no se detuvo ahí. El 3 de septiembre, apenas una semana antes de conocerse los detalles del acuerdo fallido, la Oficina de Control de Activos Extranjeros sancionó a Comercial Cupet S.A. y a ABAPET, junto con el Banco Exterior de Cuba y otras entidades estatales vinculadas al sector energético.

Comercial Cupet es el brazo que negocia los contratos mayoristas de combustible de la petrolera estatal. ABAPET importa la maquinaria y los equipos que mantienen funcionando ese sector, y depende directamente de Unión Cuba-Petróleo.

Sancionarlas corta, en la práctica, dos de las vías que Cupet usa para sostenerse desde fuera de la isla.

Lo que sí llegó a Cuba: el combustible que evita al régimen

La vía que sí avanzó fue la exportación de combustible estadounidense directamente al sector privado cubano, una que no pasa ni por Cupet ni por Gaesa.

Desde el 25 de febrero, una guía del Departamento de Comercio de Estados Unidos habilitó la venta de gas y derivados petroleros al sector privado cubano, bajo la excepción de "apoyo al pueblo cubano": pequeños negocios y trabajadores por cuenta propia.

El gobierno y las empresas estatales quedaron fuera de esa puerta. Desde marzo, la excepción tampoco cubre operaciones que depositen fondos en bancos estatales cubanos.

El resultado se nota en las cifras. cubafull ya había documentado que las compras de combustible privado batían récords, con 95,7 millones de dólares acumulados hasta junio, mientras el régimen pedía auxilio urgente a la ONU por los apagones.

En julio, esas compras sumaron otros 61,1 millones de dólares, cerca de un 28% más que en junio. Eso eleva el acumulado de los primeros siete meses de 2026 a 156,8 millones de dólares, según el Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba.

La magnitud del salto se entiende mejor en perspectiva. En todo 2024, Cuba compró 938.894 dólares en combustibles y aceites a Estados Unidos. En 2025, la cifra bajó a 311.558 dólares. En los primeros siete meses de 2026, la cifra se multiplicó por más de 500 veces ese total anual.

Periodo

Combustibles y aceites exportados de EE. UU. a Cuba

Todo 2024

938.894 dólares

Todo 2025

311.558 dólares

Enero-julio 2026

156,8 millones de dólares

Valor de las exportaciones de combustible de Estados Unidos a Cuba por periodo, según el Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba.

Miami y Houston, los puertos que concentran el combustible

El mapa de los envíos también cuenta una historia. De los 61,1 millones de dólares en combustible exportados en julio, los que salieron de Miami sumaron alrededor de 31 millones de dólares y los que salieron de Houston superaron los 26 millones.

New Orleans aportó algo más de 3,3 millones de dólares, y Tampa cerró la lista con unos 586.000 dólares.

Puerto de salida

Combustible exportado a Cuba en julio de 2026

Miami

Unos 31 millones de dólares

Houston

Más de 26 millones de dólares

New Orleans

Más de 3,3 millones de dólares

Tampa

Unos 586.000 dólares

Origen de las exportaciones de combustible de EE. UU. a Cuba en julio de 2026, por puerto.

Miami y Houston concentran buena parte de la infraestructura de exportación de combustible de Estados Unidos hacia el Caribe. Ahora son también el corredor comercial que más rápido crece hacia Cuba, justo en paralelo al colapso del canal político que buscaba resolver la crisis energética por otra vía.

Análisis: dos derrotas y una victoria a medias

El acuerdo que se cayó era, en el fondo, un canje de soberanía por supervivencia energética. Cuba habría entregado el control de su petrolera estatal y aceptado una transición pactada desde fuera a cambio de resolver los apagones.

Ni la dictadura estaba dispuesta a pagar ese precio político, ni la bancada cubanoamericana de Miami estaba dispuesta a que Washington legitimara, aunque fuera indirectamente, la permanencia de Díaz-Canel con petróleo estadounidense de por medio.

Lo que terminó llegando a la isla es una vía que no negocia con nadie dentro del poder cubano. La excepción para el sector privado deja fuera al régimen y a Gaesa por diseño, y las sanciones de septiembre cierran otra puerta más a Cupet.

Es revelador que, en los mismos días, Díaz-Canel saliera a defender que Cuba "jamás" volverá a ser colonia de ningún "imperio", en respuesta a un mapa de Trump que pintaba la isla con la bandera estadounidense. El discurso de soberanía se despliega justo cuando su gobierno queda fuera de la única vía de combustible estadounidense que sí funciona.

A nuestro juicio, es el resultado que mejor encaja con lo que ha defendido Miami: presión sobre el régimen, oxígeno para el sector privado cubano y ningún atajo que blanquee a Díaz-Canel.

Seguiremos el rastro de estas conversaciones y de los próximos movimientos de Washington hacia la isla. Quienes se suscriban al boletín de cubafull reciben primero cada actualización verificada sobre las negociaciones y las sanciones que las siguieron.

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