EE. UU. desmiente a Cuba: El diálogo sigue abierto, y esto es lo que el régimen se niega a negociar

El Departamento de Estado insiste en que las conversaciones con Cuba siguen abiertas, dos días después de que la propia embajadora cubana las diera por muertas. Esto es lo que sigue sobre la mesa y lo que el régimen ha evitado tocar.

Redacción3 de septiembre de 2026 · 6 min de lectura
Lianys Torres Rivera, embajadora de Cuba en Washington, en el centro del pulso diplomático sobre el diálogo entre Cuba y Estados Unidos

Vía Bloomberg

El Departamento de Estado insistió este 3 de septiembre en que el diálogo entre Cuba y Estados Unidos sigue abierto. Lo hizo apenas 48 horas después de que la propia embajadora cubana en Washington lo diera por roto ante Bloomberg.

La contradicción no es un matiz diplomático menor. Coloca el pulso entre ambos gobiernos en un terreno muy concreto: qué sigue sobre la mesa y qué ha evitado tocar el régimen para no soltar el control que más le importa.

Washington asegura que el bloqueo no es suyo. Sostiene que Cuba se niega a aceptar cualquier cambio que beneficie de forma directa a su población si eso implica aflojar las riendas del Estado sobre sectores económicos concretos.

Qué sigue sobre la mesa en el diálogo entre Cuba y Estados Unidos

Lo que sigue en juego en el diálogo entre Cuba y Estados Unidos es una oferta que Washington no ha retirado: ayuda a cambio de que el régimen ceda control, y nada de eso ha cambiado.

La política oficial de Washington hacia Cuba, fijada en el memorando presidencial NSPM-5 del 30 de junio de 2025, no se ha movido: condiciona cualquier acercamiento a avances en derechos humanos, crecimiento de un sector privado independiente del Estado, devolución de fugitivos reclamados por la justicia estadounidense, aviación civil segura y mayor acceso a internet y prensa libre.

A cambio, la oferta estadounidense incluye ayuda humanitaria y combustible, siempre que se canalicen fuera del aparato estatal cubano. El Departamento de Estado ya había anunciado en mayo su disposición a destinar 100 millones de dólares en asistencia directa al pueblo cubano, una ayuda condicionada a que el régimen la autorice y pensada para canalizarse al margen del aparato estatal, a través de la Iglesia católica.

Lo que el régimen no está dispuesto a ceder

El punto que La Habana no acepta negociar es el control político del sistema y el papel del Estado sobre los sectores estratégicos.

El mismo memorando mantiene las restricciones a las transacciones con empresas ligadas al aparato militar cubano, en particular GAESA, el conglomerado que controla buena parte de la economía de la isla, con excepciones solo para operaciones que beneficien directamente al pueblo cubano. Esas sanciones a las empresas del entramado militar son la palanca central de la presión de Washington.

Un portavoz consultado por Bloomberg fue más allá y describió a Cuba como un estado mal gestionado durante años en beneficio de su clase dirigente, no de su población. Un portavoz del Departamento de Estado, en declaraciones recogidas por medios independientes el 3 de septiembre, sostuvo que las conversaciones con el régimen cubano continúan, aunque este "no ha estado dispuesto a aceptar nada que pueda ayudar al pueblo cubano y que, en última instancia, amenace su control total".

Bloomberg recogió además que Cuba se declara dispuesta a discutir cambios económicos, pero insiste en que su sistema político y su liderazgo no son negociables. Ese es, en la práctica, el límite que ninguna de las dos partes ha movido en más de un año de contactos.

Cuba mueve ficha por su cuenta, sin tocar el poder

Las reformas que Cuba aprueba por su cuenta avanzan por vía interna, pero no modifican el control político ni militar que Washington señala.

Mientras el canal formal se estanca en lo declarativo, La Habana ha seguido legislando en paralelo. El régimen aprobó y publicó en junio un paquete de 176 Transformaciones Económicas y Sociales, agrupadas en 23 ejes, tras un proceso de consultas en el Partido, la Asamblea Nacional y el Consejo de Ministros, según la versión oficial de Granma.

El primer ministro Manuel Marrero informó el 29 de julio a la Asamblea Nacional que, de las 121 transformaciones previstas para junio y julio, 110 ya estaban aprobadas (el 90,9% de lo planificado) y otras cinco tenían aprobación parcial, respaldadas por 138 normas jurídicas.

Ninguna de esas transformaciones toca el modelo político ni el control de GAESA sobre sectores estratégicos, que es precisamente la línea que Washington identifica como el verdadero obstáculo.

La versión del "estancamiento total", dos días antes

El 1 de septiembre, la embajadora Lianys Torres Rivera había dicho a Bloomberg que el diálogo bilateral estaba "completamente estancado" y que ni siquiera existe una agenda básica acordada entre ambos gobiernos.

Torres Rivera describió la situación como "una guerra sin bombas" y afirmó que Cuba ha recibido un solo cargamento de combustible, un buque ruso, en 200 días.

También citó el impacto de los apagones en la sanidad: más de 100.000 personas a la espera de una cirugía, 34.000 mujeres sin ultrasonido y más de 3.000 pacientes de diálisis con sus sesiones afectadas.

Sin embargo, el propio reportaje de Bloomberg confirmó que el equipo del secretario de Estado, Marco Rubio, se reunió este año con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, un contacto que contradice la idea de un canal completamente roto. CubaFull ya había reportado en julio que las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos no mostraban progresos, meses antes de este nuevo cruce de versiones.

El costo que alimenta el pulso

El desgaste económico presiona a ambos lados. El turismo a Cuba cayó 62% entre enero y julio de 2026 frente al mismo periodo de 2025, hasta 419.000 visitantes frente a 1,1 millones, según datos de la ONEI recogidos por CNN a partir de un reporte de AP.

Ese desplome golpea directamente a las familias cubanas que dependen del turismo y de las remesas, tanto en la isla como en el exilio que sostiene esos ingresos desde fuera.

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Análisis: dos relatos, el mismo límite sin mover

A nuestro juicio, la contradicción de estos días no es sobre si ambos gobiernos se sientan a hablar. Es sobre qué entiende cada uno por negociar.

Cuba dice que no hay diálogo porque no hay agenda ni alivio de sanciones. Estados Unidos dice que hay diálogo porque sigue ofreciendo lo mismo: ayuda a cambio de que el régimen suelte control.

Las reformas que Cuba aprueba por su cuenta, más de un centenar ya en marcha, muestran que el régimen sí está dispuesto a tocar la economía. Lo que no ha tocado, ni en 176 medidas ni en un año de contactos con el equipo de Rubio, es el control político y militar que Washington señala como la verdadera condición.

Esa es, a nuestro juicio, la lectura que matiza la versión del estancamiento total: el canal no está cerrado, sigue produciendo contactos puntuales como el de Rodríguez Castro y gestos concretos como la ayuda que Washington quiere canalizar por la Iglesia. Lo que sigue congelado es el único punto que de verdad importa para los dos gobiernos, y ese no se ha movido desde que arrancó esta etapa de la Administración Trump.

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