Díaz-Canel presume «agricultura 4.0» con drones en Cuba: La cifra sobre el hambre que el show tecnológico no cambia

El presidente cubano se entusiasmó con drones y plataformas robóticas para el campo durante una visita al ICIMAF, mientras un estudio publicado apenas dos semanas antes confirma que el 94% de los cubanos vive en pobreza extrema.

Redacción29 de agosto de 2026 · 6 min de lectura
Miguel Díaz-Canel durante su visita al ICIMAF, donde se presentó un proyecto de drones agrícolas en medio de la crisis alimentaria en Cuba

Miguel Díaz-Canel volvió a mostrarse maravillado ante la tecnología. Esta vez fue en el Instituto de Cibernética, Matemática y Física (ICIMAF), en La Habana, donde una joven ingeniera en automática, graduada hace apenas un año de la CUJAE, le presentó un proyecto de drones agrícolas capaz de monitorear y tratar cultivos desde el aire. El presidente cubano habló de «agricultura 4.0» y de plataformas robóticas como el futuro del campo cubano.

La escena se sumó a una gira reciente del mandatario por centros científicos del país, en la que ha insistido en convertir cada espacio disponible en un sembrado. Pero la promesa tecnológica chocó de inmediato con una pregunta que corrió por las redes sociales: ¿para cuándo la producción real de frijoles, viandas y arroz?

La ironía no nace del vacío. Mientras el ICIMAF exhibía sus prototipos, un estudio independiente presentado apenas dos semanas antes ya había medido el tamaño real del hambre en la isla: el 94% de los cubanos vive en pobreza extrema y ocho de cada diez han dejado de comer por falta de dinero o de alimentos.

Los drones agrícolas que Díaz-Canel exhibió (y lo que calló) en el ICIMAF

Díaz-Canel exhibió en el ICIMAF un proyecto de drones agrícolas de precisión, pero la cobertura oficial no publicó ni costos, ni escala, ni hectáreas, ni metas de producción.

En su recorrido por el instituto, el presidente conoció el proyecto de agricultura de precisión con drones, pensado para vigilar cultivos y aplicar tratamientos fitosanitarios de forma automatizada. También revisó otras líneas de trabajo del centro, orientadas a la salud y la energía.

El presidente elogió el talento del ICIMAF, pero también deslizó una crítica: reconoció que buena parte de esos resultados científicos «no son demandados, apoyados ni empleados» por los distintos sectores de la economía cubana. Es decir, la propia dirección del país admite que la innovación rara vez sale del laboratorio hacia el surco.

El reportaje oficial sobre la visita tampoco ofreció ningún dato que permita medir el alcance real del proyecto: ni presupuesto, ni número de drones, ni hectáreas cubiertas, ni cultivos priorizados, ni una fecha para su despliegue más allá del laboratorio. Esa distancia entre el prototipo y el plato fue precisamente lo que disparó las críticas en redes: usuarios cuestionaron de qué sirve un dron que vigila un cultivo si no hay combustible, fertilizante ni maquinaria para sembrarlo y cosecharlo a escala.

Cuánto pesa el hambre en Cuba mientras se exhiben los drones

La respuesta a esa pregunta tiene cifras, y son recientes. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos presentó el 13 de agosto de 2026 su IX Estudio sobre Derechos Sociales, con 1.318 entrevistas realizadas entre el 27 de junio y el 29 de julio de ese año en las 15 provincias del país y 79 municipios.

Su conclusión: la pobreza extrema en Cuba subió del 89% al 94% de la población en un año, y ocho de cada diez cubanos dijeron haberse saltado el desayuno, el almuerzo o la comida por falta de dinero o de alimentos en los meses recientes.

Esa foto reciente coincide con la que ya había tomado, meses antes, la organización independiente Food Monitor Program. Según su Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria 2025, con 2.509 entrevistas en las 15 provincias y en Isla de la Juventud entre mayo y julio de 2025, cerca del 95% de los hogares perdió algún grado de acceso a la compra de alimentos, y para el 47,1% esa pérdida fue considerable o total. Un 33,9% de los hogares reportó que al menos un miembro se acostó sin comer en el mes previo a la encuesta, frente al 24,6% en 2024. Y el 40,53% de las familias destinó en 2025 hasta el 100% de su ingreso mensual solo a comprar comida.

Esta caída en el campo cubano no es nueva: en Villa Clara, uno de los graneros ganaderos históricos del país, la cabaña bovina se desplomó de 519.000 cabezas en 2016 a 337.960 en mayo de 2026. El propio Estado importa cerca del 80% de los alimentos que consume, según su plan estratégico con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) para 2026-2030, que además advierte que la dieta promedio de un hogar cubano aporta menos energía de la necesaria y carece de variedad nutricional suficiente. Ese plan, aprobado este año, moviliza 116,4 millones de dólares hasta 2030.

El problema no es solo tecnológico

El propio Programa Mundial de Alimentos resume el origen del atasco: la economía cubana se contrajo un 15% en los últimos seis años, la escasez de combustible golpea el transporte y la distribución de alimentos, y la canasta básica que reparte el Estado es «casi totalmente importada». El organismo señala además la baja productividad agrícola y las altas pérdidas poscosecha como los obstáculos centrales que arrastra el campo cubano, no la falta de innovación.

A esos cuellos de botella se suma una decisión de dónde poner el dinero. En 2024, el Estado destinó a turismo y hostelería 36.843,8 millones de pesos (el 37,4% de toda la inversión estatal), frente a apenas 2.671,4 millones de pesos para agricultura, según datos de la ONEI recogidos por EFE. El campo cubano recibió casi 14 veces menos capital que los hoteles en el mismo año en que la crisis alimentaria se agravaba.

Análisis: la brecha entre el laboratorio y el surco

A nuestro juicio, la escena del ICIMAF resume bien el estilo de gestión del régimen ante la crisis alimentaria: ciencia de vitrina para una economía que prioriza los hoteles sobre los sembrados y que no tiene diésel para arar, ni fertilizante para sembrar, ni transporte para distribuir lo poco que se cosecha.

El propio gobierno acaba de eliminar los topes al usufructo de tierras dentro de su paquete de 176 medidas económicas, un reconocimiento tácito de que el modelo agrícola no funciona. Pero destrabar la tierra no resuelve la falta de combustible ni de financiamiento, ni cambia una hoja de inversión que sigue apostando por el ladrillo hotelero antes que por el surco.

Un dron que detecta una plaga es útil. No sustituye a un tractor sin gasolina ni a un mercado que pague lo que cuesta producir. Mientras esa ecuación no cambie, la tecnología seguirá siendo un anuncio y no una cosecha, y serán las familias cubanas, dentro y fuera de la isla, quienes sigan cubriendo con remesas el hueco que el Estado no llena.

Si quieres seguir de cerca cómo evoluciona esta crisis y qué medidas golpean directamente a las familias cubanas, en nuestra newsletter semanal reunimos estas piezas antes que en ningún otro sitio.

Lo que viene

El PMA prevé mantener su plan de apoyo a Cuba hasta diciembre de 2030, centrado en nutrición escolar y producción local, mientras la próxima Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria de Food Monitor Program dirá si la brecha entre la vitrina tecnológica y la mesa de los cubanos se cierra o se ensancha.

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