Rubio traza el calendario para un "cambio irreversible" en Cuba y Hegseth no cierra la puerta a la fuerza

Marco Rubio detalla el calendario y las herramientas de la presión de Washington sobre Cuba antes de 2029, mientras Pete Hegseth repite en Panamá que la vía militar sigue sobre la mesa.

Redacción13 de agosto de 2026 · 6 min de lectura
Banderas de Estados Unidos y Cuba ondeando bajo un cielo tormentoso, símbolo de la presión de Washington sobre el régimen cubano

Dos funcionarios de primer nivel de la administración Trump volvieron a poner a Cuba en el centro del discurso de Washington en apenas una semana. Marco Rubio, secretario de Estado, prometió que el régimen cubano entrará en una senda de cambio que ya no tendrá marcha atrás. Pete Hegseth, secretario de Guerra, no descartó ninguna herramienta para lograrlo, ni siquiera la militar.

Los dos hablaron en escenarios distintos, con un día de diferencia, pero apuntaron al mismo objetivo declarado: el fin del régimen tal como existe hoy. Uno lo enmarcó como un proceso económico y legal que exige paciencia y toma años. El otro, como una posibilidad que Washington se niega a cerrar.

Rubio fue quien le puso un límite temporal concreto a esa promesa: antes de que termine el segundo mandato de Donald Trump, el 20 de enero de 2029. Y detrás de esa fecha hay ya, según detalló él mismo días antes, más de dos docenas de medidas de presión aplicadas desde 2025.

Rubio pone fecha: una "senda irreversible" antes de 2029

Rubio no prometió un cambio inmediato en la isla, sino una trayectoria que ya no tendrá marcha atrás antes del 20 de enero de 2029, sostenida por sanciones económicas, presión sobre los aliados externos del régimen y el cierre de las vías financieras. Fijó ese horizonte en dos entrevistas seguidas.

“Estoy convencido de que Cuba, antes de que termine este Gobierno, estará en una senda irreversible hacia un futuro muy diferente”, dijo Rubio en una entrevista para el pódcast de Katie Miller difundida el 12 de agosto, según recogió Infobae.

Fue casi la misma frase que había usado cinco días antes, el 7 de agosto, en una entrevista con Axios: que al terminar esta administración, Cuba estará, "como mínimo", en una trayectoria irreversible hacia un futuro distinto.

Rubio evitó fijar una fecha exacta de "cambio" en la isla. Advirtió, eso sí, que el proceso no será rápido.

“No se puede tener algo en pie durante 70 años y luego pensar que, de la noche a la mañana, se va a arrancar todo de raíz”, dijo, citando las transiciones en Europa del Este, que tomaron entre tres y cinco años.

El calendario: "esto no va a desaparecer en los próximos dos años y medio"

A Axios le precisó el ritmo con más crudeza: "Ciertamente no pueden esperarnos. Ciertamente esto no va a desaparecer en los próximos dos años y medio", el tiempo que le queda al mandato de Trump hasta enero de 2029.

Desde 2025, Washington aplicó más de 24 medidas de presión distintas contra la isla, entre sanciones a 40 entidades y restricciones de visa o revocaciones de permisos a al menos 38 personas, según el recuento que Rubio detalló a Axios.

“Lo que estamos tratando de enseñarles es que no hay válvulas de escape. Cada vez que crean un nuevo mecanismo para intentar librarse del cerco, simplemente lo bloqueamos”, dijo el secretario de Estado.

Las herramientas de presión: de Gaesa a Díaz-Canel y CUPET

Esa frase resume una arquitectura legal construida en los últimos meses. El 1 de mayo, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404, que impuso sobre Cuba un régimen de sanciones secundarias similar al que ya pesa sobre Irán, Rusia y Corea del Norte, capaz de alcanzar a bancos extranjeros que operen con las entidades designadas, según el análisis del bufete Debevoise & Plimpton.

Bajo ese paraguas, el Departamento de Estado sancionó primero, el 7 de mayo, a Gaesa, el conglomerado militar que controla, según estimaciones oficiales, activos equivalentes a cerca del 40 % del PIB cubano, junto a su presidenta ejecutiva, Ania Guillermina Lastres Morera, y a la minera Moa Nickel, una empresa mixta de la canadiense Sherritt y el Estado cubano, de acuerdo con La Nación.

Díaz-Canel, en la lista negra por primera vez

El 4 de junio, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro añadió por primera vez a Miguel Díaz-Canel a su lista de sancionados, junto a su esposa Lis Cuesta, su hijastro Manuel Anido Cuesta, a Alejandro Castro Espín (hijo de Raúl Castro) y al hijo de este, Raúl Alejandro Castro Calis. También cayeron el MINFAR y el ICAP, según el registro oficial de OFAC.

El petróleo y el cerco energético

Una semana después, el 11 de junio, OFAC designó a Unión Cuba-Petróleo (CUPET), la petrolera estatal, por operar en un sector energético que, según el Departamento de Estado, se construyó en parte sobre activos expropiados a propietarios estadounidenses.

Washington presiona además para forzar la salida de inversores extranjeros en minería y turismo, dos de los pocos motores de divisas que le quedan al régimen. Rubio ató buena parte de este endurecimiento a un hecho puntual: la captura de Nicolás Maduro, aliado de La Habana, el 3 de enero de 2026 en la operación Absolute Resolve, según reconstruyó Semana a partir de una investigación de The New York Times. A su juicio, Cuba se quedó así sin el patrón externo con el que siempre contó.

Hegseth: "todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las militares"

Un día después de la entrevista de Rubio con Katie Miller, Hegseth habló en Panamá, donde participaba en la coalición A3C contra los cárteles de la región.

“Como ya he dicho antes, y creo que habéis visto lo que ha ocurrido en otros casos, todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las militares”, respondió al ser preguntado por Cuba, según Infobae.

Añadió que el régimen “haría bien en prestar atención” a la voluntad de Trump de “hacer valer las prerrogativas estratégicas” de Estados Unidos en la región.

No es la primera vez: el precedente de Guantánamo

Hegseth ya había usado un tono parecido dos meses antes, el 10 de junio, durante una visita a la base naval de Guantánamo. Advirtió entonces que sería “imprudente” que Cuba intentara procurarse armas capaces de alcanzar la base o el territorio continental de Estados Unidos, y que eso invitaría al “tipo de confrontación que no solo no quieren, sino que no podrían resistir”, según recogió Yahoo News. CubaFull ya cubrió entonces la advertencia militar de Hegseth desde la base.

Hegseth no mencionó una operación concreta ni un calendario, ni en junio ni en agosto. Dijo que el Departamento de Guerra le daría al comandante en jefe “todas las opciones que necesite dentro de esa contingencia”, la misma fórmula vaga que repitió en Panamá.

Análisis: dos velocidades para la misma presión

A nuestro juicio, lo que separa a Rubio de Hegseth no es el objetivo, es el instrumento y el ritmo que cada uno le pone.

Rubio habla de años, de sanciones con nombre y apellido, de una arquitectura legal que ya suma 24 medidas aplicadas y una fecha límite ligada al calendario político de Trump. Es la vía que Washington puede sostener, medir y explicar sin comprometerse a una acción irreversible.

Hegseth, en cambio, no pone fecha ni condición. Repite, casi palabra por palabra, una advertencia que ya lanzó en junio. Eso pesa más como recordatorio de que la opción militar sigue abierta que como el anuncio de que algo nuevo está por ocurrir.

Qué cambia para los cubanos dentro y fuera de la isla

El golpe no es solo retórico, y aterriza en la vida cotidiana. Las sanciones a CUPET aprietan un sistema energético que ya funciona al límite, y cada nueva traba sobre el combustible se traduce, en la práctica, en más horas de apagón para quien vive en la isla.

Para los cubanos en el exilio, el diseño de sanciones secundarias que alcanza a los bancos extranjeros que operen con las entidades designadas endurece el entorno financiero por el que pasan las remesas y las operaciones con la isla, aunque los envíos personales sigan permitidos.

Y la presión para expulsar a los inversores extranjeros de la minería y el turismo apunta justo a las fuentes de divisas que sostienen al régimen: un cerco que, de mantenerse, estrecha aún más el margen económico de La Habana.

Ninguno de los dos mensajes contradice al otro. Se complementan: uno sostiene el cerco día a día con sanciones que ya tienen nombre propio, Díaz-Canel, CUPET, Gaesa. El otro deja flotando la amenaza de fondo, sin fecha, como recordatorio de que existe. En CubaFull seguimos de cerca cada movimiento de esta presión sostenida sobre el régimen; suscribirte a nuestra newsletter es la forma más rápida de enterarte antes que nadie de la próxima escalada.

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