El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, volvió a poner sobre la mesa una operación militar contra Cuba este 12 de agosto, durante una visita a Panamá centrada en la lucha contra el narcotráfico en la región.
Ante la prensa, aseguró que "todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las militares" frente al régimen cubano, y advirtió que La Habana "haría bien en prestar atención" a la voluntad del presidente Trump de hacer valer las prerrogativas estratégicas de Estados Unidos en el hemisferio.
No es la primera vez que Washington usa esa misma frase para hablar de un gobierno de la región, y la última vez que la repitió antes de este episodio, meses después ese gobierno ya no existía: la operación que terminó con la captura del venezolano Nicolás Maduro el pasado enero.
Qué dijo Hegseth en Panamá y en qué contexto
Hegseth no anunció una operación militar en marcha contra Cuba: habló de opciones, no de una orden de ataque. Situó a La Habana dentro de una política de presión regional de Washington, con alternativas preparadas para que decida el presidente, pero sin fecha, sin unidades desplegadas ni orden pública de asalto.
Hegseth participó el 12 de agosto de 2026 en el foro de la coalición interamericana contra los cárteles que lidera Washington en la región, donde Panamá acogió también la incorporación de Colombia como país número 19 de esa iniciativa, según informó Associated Press.
Fue en ese contexto, y no en un anuncio dedicado a Cuba, donde el jefe del Pentágono (rebautizado Departamento de Guerra por la administración Trump) mencionó a la isla junto con Rusia, Irán y Venezuela como actores que "entienden dónde reside el equilibrio de poder" en el hemisferio, según recogió Infobae.
La frase no fija una fecha ni anuncia una orden de ataque contra Cuba. Es una advertencia repetida dentro de una política de presión que Washington ya aplicó, con tropas de por medio, contra otro gobierno de la región.
El precedente que pesa: la caída de Maduro y los cubanos muertos en Venezuela
El 3 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó la Operación Absolute Resolve, un ataque militar contra instalaciones en Caracas que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y su traslado al buque USS Iwo Jima para enfrentar cargos de narcoterrorismo ante un tribunal de Nueva York, según reportó CNN.
Cuba confirmó dos días después la muerte de 32 militares cubanos que cumplían misiones de seguridad en Venezuela junto a las fuerzas de Maduro durante esa operación, el primer reconocimiento público de presencia militar cubana en territorio venezolano, según Infobae.
Díaz-Canel decretó duelo nacional por esas muertes, un dato que sitúa a Cuba, de forma abierta y por primera vez, como parte directa del terreno donde Washington ya demostró que está dispuesto a actuar con fuerza militar.
Guantánamo, junio: el mismo mensaje repetido casi palabra por palabra
Dos meses antes de Panamá, Hegseth ya había llevado esta advertencia hasta la propia isla. El 10 de junio de 2026, en la base naval de Guantánamo, dijo que sería "imprudente" para el régimen intentar hacerse con armamento capaz de alcanzar la base o territorio estadounidense, según EFE.
Horas después, en la sede del Comando Sur en Doral (Florida), un periodista le preguntó directamente si una operación para capturar o abatir a Díaz-Canel era una opción, como había ocurrido con Maduro. Hegseth respondió que el Pentágono presenta "opciones a diferentes escalas" a la Casa Blanca y que esas opciones "están sobre la mesa", según CNN en Español.
El tablero de presión: emergencia nacional y sanciones a la cúpula
La presión militar no llega sola. El 29 de enero de 2026, Trump declaró la emergencia nacional sobre el gobierno cubano y habilitó aranceles contra los países que suministraran petróleo a la isla, mediante la Orden Ejecutiva 14380, según consta en el registro de la Casa Blanca.
Esos aranceles quedaron después sin efecto, pero la emergencia nacional sobre Cuba sigue en vigor y es la base legal sobre la que se apoya el resto del andamiaje de sanciones.
El 1 de mayo, una segunda orden, la 14404, amplió las sanciones contra los responsables de la represión en Cuba y contra sectores como energía, defensa, minería y finanzas, también documentada por la Casa Blanca.
Con esa base legal, el Tesoro incluyó el 4 de junio a Díaz-Canel, a su esposa Lis Cuesta, a su hijastro Manuel Anido Cuesta y a otros familiares y entidades del régimen en la lista de sancionados, entre ellas el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, según la Oficina de Control de Activos Extranjeros.
A ese cuadro se suma un antecedente que Washington usa como telón de fondo: los más de 300 drones de ataque que Cuba habría recibido de Rusia e Irán desde 2023.
En la calle, el resultado se mide en electricidad. El 19 de julio, la Unión Eléctrica preveía apenas 1.108 megavatios disponibles frente a una demanda máxima de 3.200 megavatios, un déficit de más de 2.000 megavatios, según datos recogidos por EFE.
Análisis: presión sostenida, no un anuncio operativo
A nuestro juicio, repetir casi la misma frase en Guantánamo y en Panamá, con apenas dos meses de diferencia, apunta a una estrategia de presión sostenida y no al anuncio de una acción inminente sobre Cuba.
Pero el precedente venezolano cambia el peso de esas palabras. Washington ya demostró en enero que puede ejecutar, en cuestión de horas, una operación que termina con un jefe de Estado capturado y trasladado a un tribunal de Nueva York.
Con Cuba, ese margen es distinto: Estados Unidos mantiene relaciones diplomáticas formales con La Habana y no existe una base legal equivalente a la que se usó contra el narcotráfico venezolano. El propio Hegseth habla de "opciones", no de una orden.
Aun así, la mención explícita al equilibrio de poder regional y los 32 cubanos muertos en Venezuela dejan claro que Washington ya no ve a La Habana como un actor ajeno a lo que ocurrió allí.
Qué deben vigilar los cubanos dentro y fuera de la isla
Dentro de la isla, las señales a observar son concretas: movimientos de tropas o actividad naval inusual cerca de Guantánamo, cortes de comunicaciones más allá de los apagones habituales y una eventual ola de detenciones preventivas si el régimen interpreta la advertencia como una amenaza real.
Fuera de Cuba, la vía es distinta: nuevas designaciones del Tesoro contra funcionarios o empresas, alertas de viaje del Departamento de Estado y cualquier cambio en trámites consulares o rutas aéreas hacia la isla, que suelen ser los primeros indicios visibles de una escalada para las familias en el exterior.
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