Cuba volvió a quedarse sin electricidad este viernes, la segunda vez en una sola semana que el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) se desconecta por completo. El primer ministro Manuel Marrero atribuyó el nuevo apagón al bloqueo económico de Estados Unidos y llegó a preguntar en sus redes sociales si Cuba enfrenta «un genocidio».
La explicación oficial choca con los propios partes técnicos de la Unión Eléctrica (UNE), que documentaba unidades termoeléctricas averiadas, decenas de plantas sin combustible y una disponibilidad de generación muy por debajo de la demanda, tanto el lunes como el viernes de esa misma semana.
Dos colapsos nacionales en cinco días
Cuba sufrió dos apagones nacionales en cinco días mientras el SEN operaba muy por debajo de la demanda. Marrero atribuyó ambos al embargo estadounidense, pero los partes de la Unión Eléctrica documentaban termoeléctricas averiadas, generación distribuida paralizada y una red que arrastra fallas acumuladas desde hace años.
El primero llegó el lunes 6 de julio, a las 12:17 hora local, cuando la UNE confirmó la desconexión total del sistema. Antes de esa caída, la propia Unión Eléctrica ya pronosticaba una disponibilidad de apenas 935 MW frente a una demanda máxima de 3.100 MW, menos de un tercio, con hasta el 71% del país simultáneamente sin corriente en el horario pico, según El País. Fue el tercer apagón nacional del año, que dejó sin electricidad a casi diez millones de cubanos durante horas de máxima demanda.
Ese mismo día, once de las dieciséis unidades termoeléctricas del país estaban fuera de servicio por averías o mantenimiento, entre ellas las unidades 6 y 8 de la central Máximo Gómez, en la Zona Especial del Mariel, y la unidad 1 de la Ernesto Guevara, en Santa Cruz del Norte, según el mismo diario.
Apenas cuatro días después, el viernes 10 de julio, sobre las 4:30 de la tarde, el SEN volvió a colapsar. Las autoridades atribuyeron esta segunda caída a una fluctuación de parámetros tras una avería en la línea de transmisión de 220 kV entre Santa Clara y Sancti Spíritus, según confirmó la Associated Press. La disponibilidad volvió a rondar los 935 MW frente a los mismos 3.100 MW de demanda, de acuerdo con Infobae.
Fue el cuarto colapso nacional del SEN en lo que va de 2026 y el noveno desde finales de 2024, un patrón de desconexiones totales que se repite cada vez con menos margen entre una y otra.
Fecha | Hecho | Causa técnica reportada | Disponibilidad | Demanda | Unidades termoeléctricas fuera | Fuente |
|---|---|---|---|---|---|---|
6 de julio de 2026 | Primer colapso nacional del SEN | Disponibilidad muy por debajo de la demanda; unidades termoeléctricas averiadas | 935 MW | 3.100 MW | 11 de 16 | El País |
10 de julio de 2026 | Segundo colapso nacional del SEN | Avería en línea de transmisión de 220 kV entre Santa Clara y Sancti Spíritus | 935 MW | 3.100 MW | 11 de 16 | AP / Unión Eléctrica |
Los dos colapsos nacionales del Sistema Electroenergético Nacional en la primera semana de julio de 2026, comparados
Termoeléctricas averiadas y generación distribuida paralizada
El propio parte de la UNE del 10 de julio confirmó que once de las dieciséis unidades termoeléctricas del país seguían fuera de servicio, la misma cifra que el lunes anterior, entre ellas de nuevo la Antonio Guiteras, según su sitio oficial.
Ese detalle importa para el debate político: las termoeléctricas aportan alrededor del 40% del mix eléctrico cubano y funcionan mayoritariamente con petróleo nacional, no con combustible importado, según recoge El País. Su indisponibilidad no depende directamente del embargo, sino del envejecimiento de las plantas y el déficit de inversión acumulado.
Lo que sí golpea de lleno el suministro es la generación distribuida, otro 40% del mix, basada en motores de diésel y fuel oil: el propio Gobierno reconoció que ha permanecido prácticamente paralizada desde enero por falta de combustible. A eso se suman, según el parte de la UNE, 106 plantas de generación distribuida paradas por el mismo motivo.
Cuba produce solo el 40% del combustible que necesita. Un petrolero ruso, el Anatoli Kolodkin, entregó 730.000 barriles a finales de marzo, pero ese suministro se agotó hacia finales de abril, según reportó AP. Desde enero, Washington presiona ese suministro con la amenaza de aranceles a los países que vendan petróleo a la isla, una medida anunciada por el presidente Trump que agravó la crisis de abastecimiento, según The Guardian.
Qué dijo Marrero sobre el bloqueo energético
Marrero explicó en su cuenta de X que había sido «otra semana muy difícil bajo el impacto del bloqueo energético: dos desconexiones del Sistema Electroenergético Nacional, casi sin combustible para mover las plantas y varias unidades fuera de servicio». El mensaje llegó horas después del segundo colapso, en medio de una campaña diplomática del gobierno cubano que días antes había llevado el embargo a una sesión extraordinaria de la ONU.
El 7 de julio, 136 países votaron a favor de discutir en la Asamblea General el embargo estadounidense contra Cuba. El presidente Miguel Díaz-Canel ya había usado el término «bloqueo energético genocida» para describir la falta de combustible en las plantas, la misma línea que después repitió Marrero.
El deterioro que ni Marrero ni Díaz-Canel mencionan
La central Antonio Guiteras, la mayor termoeléctrica del país, no recibe un mantenimiento capital integral desde 2010 y acumula 17 averías solo en lo que va de 2026, un historial que la propia UNE ha reconocido en partes anteriores.
El experto William LeoGrande, especialista en Cuba de American University, describió la infraestructura eléctrica cubana como una red que ya superó «su vida útil normal» y dijo que mantenerla funcionando exige que los técnicos actúen «como magos», según recogió CBS News. La propia AP describe la red como particularmente frágil, tanto por la falta de mantenimiento de una infraestructura envejecida, con plantas de más de 30 años, como por la escasez de combustibles.
Ese desgaste acumulado, en plantas de entre 40 y 60 años sin las inversiones que exigen, es el factor que ni Marrero ni Díaz-Canel mencionan cuando atribuyen los apagones al embargo.
El costo para las familias, dentro y fuera de la isla
Los cortes de esta semana se sumaron a jornadas de más de 24 horas seguidas sin servicio en La Habana, donde algunos barrios acumularon más de 35 horas consecutivas sin luz, y de hasta tres días en otras provincias, con afectaciones al bombeo de agua, la conservación de alimentos y la atención médica, un patrón que AP ha documentado en semanas anteriores con decenas de miles de cirugías canceladas y el transporte público parcialmente paralizado.
Para la diáspora, el impacto llega en la misma llamada de siempre: la familia sin luz, sin agua, sin forma de cargar el teléfono para avisar que está bien.
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Análisis: dos capas de una misma crisis
El embargo estadounidense sí golpea al sector eléctrico cubano, y lo hace de forma directa donde el sistema depende del combustible importado: la generación distribuida paralizada desde enero y el petróleo que Washington intenta bloquear con aranceles a terceros países son parte real de esa presión.
Pero las termoeléctricas, la otra mitad del mix eléctrico, funcionan con petróleo nacional y su indisponibilidad no depende del embargo. Lo que las mantiene fuera de servicio, según el propio lenguaje de la UNE, son averías, mantenimientos vencidos y líneas de transmisión que ceden: el vocabulario técnico de una red que lleva más de tres décadas sin la inversión que necesita.
A nuestro juicio, esa distinción es la que Marrero borra cuando reduce dos colapsos con causas técnicas documentadas (once de dieciséis unidades termoeléctricas averiadas, una planta insignia sin mantenimiento capital desde 2010) a una sola frase sobre el bloqueo. El embargo agrava una crisis real de combustible; no explica por qué la Antonio Guiteras lleva 17 averías en lo que va de año.




