El Cangrejo protesta ante Washington por el acercamiento del FBI en Miami a los hijos de un viceprimer ministro cubano

Un reporte centrado en la comunidad cubana en el exterior sostiene que agentes del FBI contactaron en Miami a los hijos del viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga, lo que habría provocado la reacción airada de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, El Cangrejo, el canal informal de Cuba con Washington, justo cuando Estados Unidos acaba de endurecer la presión sobre la familia Castro.

Redacción4 de septiembre de 2026 · 6 min de lectura
Raúl Guillermo Rodríguez Castro, El Cangrejo, ante banderas de Cuba y Estados Unidos

El canal informal entre La Habana y Washington volvió a temblar esta semana. Agentes del FBI se habrían acercado en Miami a dos hijos de un alto cargo del régimen cubano, y desde el entorno más cercano a las negociaciones llegó una respuesta que no se quedó en privado.

El protagonista de esa reacción es un nombre que ya conoce buena parte de los cubanos en el exilio: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro apodado El Cangrejo, convertido este año en el interlocutor informal de Estados Unidos dentro del círculo de poder cubano.

Según un reporte centrado en la comunidad cubana en el exterior, el episodio lo llevó a advertir en privado que ese tipo de acercamientos del FBI ponía en riesgo el propio diálogo bilateral que él ayuda a sostener, justo cuando Washington acaba de endurecer la presión sobre la familia Castro con nuevas sanciones.

Un acercamiento del FBI en Miami que llegó hasta La Habana

El contacto, según el mismo reporte, ocurrió cuando agentes federales se acercaron a Carlos Ernesto y Camilo Pérez-Oliva, identificados como hijos del viceprimer ministro cubano Óscar Pérez-Oliva Fraga y radicados ambos en Miami.

Los agentes habrían pedido información y el número de contacto del padre. Los jóvenes se negaron a facilitarlo, aunque después avisaron a su familia sobre el encuentro, de acuerdo con la misma fuente.

El motivo declarado de la visita no se hizo público y no hay indicios de que derivara en citaciones o cargos formales contra nadie. Expertos legales citados en el reporte original recuerdan que una entrevista del FBI no implica de por sí una acusación formal contra la persona entrevistada.

Rodríguez Castro reaccionó con molestia ante interlocutores estadounidenses. Según el reporte, calificó el episodio de inaceptable y advirtió que ese tipo de acciones minaba cualquier posibilidad de diálogo entre ambos gobiernos.

Quién es "El Cangrejo" y qué papel juega en el diálogo con Washington

Rodríguez Castro, coronel del Ministerio del Interior y antiguo jefe de la seguridad personal de su abuelo, es conocido en su entorno como El Cangrejo por una deformidad en un dedo, según una investigación de Axios que en febrero reveló que el propio secretario de Estado, Marco Rubio, mantenía conversaciones discretas con él al margen de los cauces oficiales de La Habana.

Un alto funcionario de la administración Trump citado en ese reporte matizó que no se trataba de "negociaciones" sino de "conversaciones" sobre el futuro de Cuba, y sostuvo que la posición de Washington es que el régimen "tiene que irse", aunque la forma concreta que eso tome la decide el propio presidente.

El Gobierno cubano, consultado entonces, negó que existiera un "diálogo de alto nivel" con Estados Unidos, aunque admitió "intercambios de mensajes".

El canal siguió activo en los meses siguientes: una delegación estadounidense viajó a La Habana y un alto funcionario del Departamento de Estado se reunió con Rodríguez Castro en abril, según informó Associated Press. En mayo, el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió con él en La Habana junto al ministro del Interior cubano y el jefe de los servicios de inteligencia.

En julio, Rodríguez Castro le dijo a USA Today que estaba abierto a negociar con Donald Trump o con cualquier funcionario que Washington designara, aunque Reuters recordó que no ocupa ningún cargo formal dentro del Gobierno cubano.

El vínculo con Óscar Pérez-Oliva Fraga y la familia Castro

Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, asumió el cargo de viceprimer ministro en octubre de 2025 mediante un acuerdo del Consejo de Estado publicado en la Gaceta Oficial de Cuba, sin dejar el Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera. Dentro de la diáspora se le señala como una de las caras visibles de una eventual sucesión dentro del poder cubano.

Para las familias de la élite cubana, el contacto con funcionarios extranjeros sin autorización no es un detalle menor: la ley cubana castiga con dureza cualquier colaboración no autorizada con actores que el Estado considera hostiles.

Washington endurece la presión: acusación contra Raúl Castro y nuevas sanciones a la familia

El episodio ocurre en medio de una escalada de presión de Washington sobre el entorno de Raúl Castro. En mayo, el Departamento de Justicia desveló una acusación sustitutiva contra Raúl Castro y otros cinco acusados por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, que costó la vida a cuatro personas, tres de ellas ciudadanos estadounidenses.

El 3 de septiembre, apenas un día antes de conocerse el reporte sobre el FBI, el Tesoro de EE. UU. incluyó en su lista de sancionados a Fidel Ernesto Castro Calis, otro nieto de Raúl Castro e hijo de Alejandro Castro Espín, junto con el Banco Exterior de Cuba y otras cuatro empresas estatales de los sectores energético y minero (Comercial CUPET, ABAPET, CEXNI y Nicarotec), según confirmó la Oficina de Control de Activos Extranjeros.

El propio Rubio escribió en esa red que los sancionados forman parte de "la red financiera y de inteligencia corrupta de los Castro" y que las élites del régimen cubano "presiden un Estado fallido" mientras la familia se enriquece.

Este pulso soterrado entre La Habana y Washington rara vez se juega a la vista; quien quiera seguir sus giros puede recibir cada nueva confirmación en el boletín de Cubafull.

Análisis: una reacción que confirma la fragilidad del canal informal

Que un contacto rutinario del FBI con dos jóvenes en Miami provoque una reacción tan visible desde el entorno de Rodríguez Castro dice más sobre la fragilidad del canal informal que sobre la gravedad del episodio en sí.

A nuestro juicio, esto confirma algo que ya se intuía: el diálogo entre Washington y el círculo Castro no descansa en instituciones ni en acuerdos escritos, sino en un puñado de relaciones personales que cualquier gesto puede desestabilizar. El propio canciller cubano, Bruno Rodríguez, admitió el 30 de junio que las conversaciones no mostraban "ningún progreso" y acusó a Washington de acompañarlas de amenazas y sanciones, según recogió Al Jazeera.

Mientras la parte cubana dependa de que sus propios familiares en Estados Unidos no queden expuestos a la ley estadounidense, y mientras su interlocutor informal no ocupe ningún cargo oficial que lo obligue a rendir cuentas, Washington conservará una palanca de presión que no necesita ningún documento firmado para usarse.

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