Estados Unidos reconoció, por primera vez de forma oficial, que ya tiene armas desplegadas en el espacio y que las usará si hace falta para proteger a sus fuerzas.
El anuncio no es un dato suelto ni una fanfarronada. Llega en medio de una carrera militar que ha convertido la órbita terrestre en un nuevo frente de disputa entre Washington, Moscú y Pekín.
La confirmación la dio Troy Meink, secretario de la Fuerza Aérea de EE. UU., el lunes 14 de septiembre, aunque se negó a precisar de qué armas se trata o desde cuándo están en órbita.
Qué dijo exactamente Meink
Estados Unidos admitió que ya opera armas de control espacial en órbita, aunque Meink no reveló qué sistemas son, cuántos hay ni cuándo se lanzaron. Es la primera vez que un alto cargo del Pentágono lo reconoce en público, y el propio secretario dejó claro que la frase estaba medida al detalle.
Meink habló en la Conferencia de Aire, Espacio y Ciberdefensa, celebrada en National Harbor, Maryland. Ahí soltó la frase que resume el giro de postura de Washington:
"This is why the United States now has on-orbit space control weapons capable of defending the joint force against hostile adversary action."
Traducido: Estados Unidos ya cuenta con armas de control espacial en órbita, capaces de defender a sus fuerzas conjuntas ante una acción hostil de un adversario.
Cuando le pidieron detalles, el funcionario se negó a dar más información. "No voy a hablar sobre los detalles específicos de lo que estamos haciendo", dijo, y argumentó que revelarlos anularía su propósito disuasorio.
Un portavoz de la Fuerza Espacial sí precisó, tras la rueda de prensa, qué abarca ese "control espacial": medios cinéticos y no cinéticos capaces de interrumpir, degradar e incluso destruir capacidades enemigas, tanto en modo ofensivo como defensivo.
La respuesta de China
Pekín reaccionó al día siguiente, el 15 de septiembre. El portavoz de Exteriores, Guo Jiakun, pidió a Washington "dejar de ampliar su despliegue militar en el espacio ultraterrestre y salvaguardar la estabilidad estratégica global con acciones concretas".
China insistió en que defiende el uso pacífico del espacio y que se opone a cualquier carrera armamentista o intento de convertirlo en un campo de batalla.
Rusia y China, en el punto de mira
Detrás del anuncio hay un motivo concreto. Washington lleva meses advirtiendo que Rusia y China desarrollan capacidades ofensivas en el espacio.
Según el Pentágono, Rusia ha realizado maniobras con constelaciones de satélites que, a juicio de EE. UU., podrían servir de ensayo para tácticas de "ataque y defensa" en futuros conflictos. Washington también señala el trabajo ruso en armas espaciales basadas en pulsos electromagnéticos.
China, por su parte, ha probado un misil hipersónico de órbita parcial con capacidad para transportar carga nuclear, y avanza en tecnología para neutralizar satélites enemigos.
Cómo encaja con el escudo antimisiles de Trump
El anuncio de Meink no llega aislado. Se apoya en la orden ejecutiva "Iron Dome for America", firmada por la Casa Blanca el 27 de enero de 2025, que mandó desarrollar interceptores espaciales proliferados capaces de destruir misiles en la fase inicial de su vuelo, el proyecto que se conoce popularmente como Golden Dome.
La Oficina Presupuestaria del Congreso calculó en mayo de 2026 que un sistema de defensa antimisiles alineado con esa orden costaría unos 1,2 billones de dólares en 20 años, de los cuales 720.000 millones corresponderían solo a la constelación de interceptores espaciales.
Qué permite y qué prohíbe el derecho internacional
El Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe colocar armas nucleares o de destrucción masiva en órbita. Lo que no prohíbe es el uso de armas convencionales en el espacio ni el empleo de sistemas terrestres contra objetivos orbitales.
Ese vacío es, precisamente, el terreno donde EE. UU., Rusia y China llevan años moviéndose sin cruzar la línea roja del tratado, al menos de forma declarada. En 2024, Rusia vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución impulsada por Estados Unidos y Japón que buscaba reafirmar ese compromiso y que llegó a sumar 65 países copatrocinadores.
Análisis: qué tiene que ver esto con Cuba
La carrera espacial militar entre Washington, Moscú y Pekín no ocurre en el vacío. A nuestro juicio, tiene una lectura directa para la región, y Cuba es parte de ella.
El régimen cubano mantiene vínculos estrechos con las dos potencias que EE. UU. señala como sus principales rivales en el espacio. China opera en la isla varias instalaciones de inteligencia electrónica, entre ellas las antenas identificadas en Bejucal, Wajay, Calabazar y El Salao, capaces de interceptar comunicaciones a miles de kilómetros de distancia.
A eso se suma la acusación que Marco Rubio, secretario de Estado, lanzó este verano al llamar a Cuba una "superpotencia del espionaje y la influencia" al servicio de Moscú y Pekín.
Ninguna de esas dos piezas prueba que Cuba tenga algo que ver con las armas espaciales que Meink confirmó el lunes. Pero sí explican por qué Washington mira a la isla como un punto sensible en un tablero que ya no se limita a la Tierra: cualquier escalada con Rusia o China tiene, en Cuba, un observatorio de primera fila a apenas kilómetros de Florida.
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