Trump promete enviar a Rubio a Cuba para «cerrar el trato»: Lo que falta para que sea un paso real

Trump anunció en un mitin en Florida que enviará a Marco Rubio a Cuba para sellar un acuerdo, mientras Rubio pedía a los cubanos colaborar con la CIA y La Habana respondía con una advertencia. Washington y el régimen no han anunciado una misión con fecha, sede ni agenda.

Redacción24 de octubre de 2026 · 7 min de lectura
Donald Trump y Marco Rubio en el Despacho Oval antes de la posible misión a Cuba
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial: Donald Trump y Marco Rubio en el Despacho Oval de la Casa Blanca. No es una fotografía real y no muestra ni documenta una escena, acto o acontecimiento real.

Vía AP News

Donald Trump volvió a repetir, esta vez en un mitin en Fort Myers, Florida, que enviará a Marco Rubio a Cuba para «cerrar el trato» en cuanto terminen las operaciones militares de Estados Unidos en Irán.

La promesa llegó con el estilo que ya conoce el exilio cubano: buques de guerra que, dijo, pasarán frente a la isla a su regreso de Oriente Medio, y un secretario de Estado listo para sellar un acuerdo con el régimen.

Horas después, el propio Rubio añadió un giro que nadie esperaba: un llamado público a los cubanos para que colaboren con la CIA. Entre lo que Trump prometió desde el escenario y lo que Washington ha confirmado por otras vías hay una distancia que conviene medir con calma.

La frase de Fort Myers y lo que Trump no explicó

La frase de Trump no pone en marcha por sí sola una misión de Rubio ni un acuerdo: fue una respuesta improvisada en un mitin, sin fecha, interlocutor ni agenda detrás.

Trump no hizo el anuncio en una rueda de prensa ni en un comunicado diplomático. Lo dijo al responder, el 23 de octubre, una pregunta lanzada desde el público en el Alico Arena de Fort Myers.

Afirmó que los buques de la Marina estadounidense que regresan de las operaciones contra Irán «pasarán por Cuba» en su camino de vuelta. Uno de ellos, dijo, se detendría «a unas 50 yardas de la costa» para que los cubanos «levanten las manos».

Después, prometió, enviaría a Rubio «a cerrar el trato» con el régimen. No identificó interlocutores cubanos, no dio una fecha de viaje, no describió una agenda ni mencionó un documento en negociación.

La promesa de los buques frente a la costa cubana y el envío de Rubio repite una retórica sobre una posible intervención militar en la isla que Trump ya había usado antes, sin que el Pentágono ni el Departamento de Estado hayan anunciado ningún cambio de postura.

Ni la Casa Blanca ni el Departamento de Estado ni la Embajada de Cuba en Washington habían anunciado, al cierre de esta nota, una misión de Rubio con fecha, sede o agenda propia.

El mensaje de Rubio sobre la CIA, un giro inusual

El mensaje de Rubio no confirmó un viaje a Cuba ni una negociación con el régimen. Fue un llamamiento público, difundido el mismo día en su cuenta oficial de X, a los cubanos que buscan un cambio dentro de la isla.

«Para quienes buscan un cambio positivo en Cuba: ante la decepción de las promesas incumplidas, la corrupción y la vida privilegiada de unos pocos, ahora es el momento. Aprovechen esta oportunidad para crear el cambio que desean mediante una colaboración discreta con la CIA», escribió el secretario de Estado.

Es un giro inusual: pocas veces un jefe de la diplomacia estadounidense ha pedido tan abiertamente, y por una red social, que ciudadanos de otro país colaboren con los servicios de inteligencia de EE. UU.

La propia CIA respondió al mensaje con un video en español que explica cómo establecer contacto de forma segura, con instrucciones para acudir a una instalación oficial o usar una conexión protegida.

De las conversaciones de marzo a los simples canales sin agenda

La idea de un acuerdo con Cuba no nació en Fort Myers. En marzo de 2026, ambos gobiernos reconocieron que mantenían conversaciones, aunque esos contactos no equivalían, meses después, a una agenda negociadora.

El 13 de marzo, Miguel Díaz-Canel dijo que Cuba había abierto conversaciones orientadas a buscar soluciones por la vía del diálogo, y un funcionario de la Casa Blanca respondió que Estados Unidos hablaba con La Habana y que un acuerdo podía alcanzarse con facilidad.

Pero en los meses siguientes, Cuba empezó a marcar distancia con la palabra «negociación».

El 7 de septiembre, el canciller Bruno Rodríguez declaró que no existían negociaciones ni una agenda futura con Washington.

Un mes después, la encargada de negocios cubana en Washington, Lianys Torres Rivera, lo precisó más: seguían abiertos contactos mediante reuniones, llamadas y mensajes de WhatsApp, pero sin una agenda negociadora.

Días antes, ante la Asamblea General de la ONU, Bruno Rodríguez había calificado de falsedades y calumnias declaraciones previas de Trump sobre un acuerdo con Cuba, y puso condiciones explícitas a cualquier diálogo: igualdad soberana, respeto al derecho internacional, sin injerencia ni negociación del sistema político cubano.

Trump, por su parte, ya había dicho antes que Cuba y Estados Unidos llegarían a un acuerdo sin necesidad de usar las fuerzas armadas, un tono muy distinto al de los buques de guerra que describió en Fort Myers.

La respuesta de La Habana: «diente de perro» para quien llegue con «ambiciones de dominación»

Pocas horas después del mitin, Bruno Rodríguez respondió en X con una metáfora muy cubana.

«En nuestras costas hay bellas playas, pero también diente de perro, inhóspito para quienes lleguen con propósitos hostiles y ambiciones de dominación. Cuba no es una amenaza, el bloqueo lo es», escribió el canciller.

El mensaje no mencionó a Trump ni a Rubio por su nombre, y tampoco confirmó ni descartó una reunión futura con el secretario de Estado.

Lo que cambiaría, y lo que no, si la misión se concreta

Incluso si Rubio viajara, una visita no borraría el embargo por sí sola.

El programa de sanciones descansa tanto en órdenes ejecutivas como en leyes aprobadas por el Congreso, entre ellas la Ley Helms-Burton, que exigirían una acción legislativa adicional para desmontarse por completo.

Un entendimiento con Rubio no eliminaría por sí solo todo ese entramado, aunque sí podría abrir la puerta a ajustes administrativos, licencias puntuales, medidas ejecutivas o acuerdos concretos sobre asuntos como migración, consulados o seguridad marítima.

Hasta ahora, las categorías autorizadas de remesas familiares siguen excluyendo a determinados dirigentes del Partido Comunista y a operaciones con entidades restringidas, sin que el anuncio de Trump haya modificado esas reglas.

Tampoco cambió nada para los viajes: desde el 30 de septiembre dejaron de estar autorizados los viajes grupales de intercambio «people to people», y el turismo sigue prohibido para quienes están bajo jurisdicción estadounidense.

Ámbito

Situación vigente

Qué tendría que ocurrir

Sanciones

Sigue el marco legal actual, con órdenes ejecutivas y leyes del Congreso

Medidas ejecutivas y licencias; para desmontarlo del todo, acción del Congreso

Remesas

Siguen las categorías y exclusiones vigentes

Cambio regulatorio o de licencias de OFAC

Viajes

Turismo prohibido bajo jurisdicción estadounidense; sin viajes grupales «people to people» desde el 30 de septiembre

Modificación de regulaciones y categorías autorizadas

Visas y reunificación

Continúan los procedimientos actuales

Acuerdo o decisión consular específica

Cubanos en España

Ningún cambio directo anunciado

Efectos indirectos posibles en rutas aéreas, transferencias o migración

Qué está en vigor hoy y qué haría falta para cambiarlo en cada ámbito que afecta a los cubanos.

Qué significaría para los cubanos dentro y fuera de la isla

Hoy no hay ningún cambio concreto que seguir: nada en remesas, vuelos, visas ni reunificación familiar depende todavía de la palabra «trato».

Dentro de la isla, el riesgo inmediato no es diplomático, sino político.

El llamado de Rubio a colaborar «discretamente» con la CIA pone en una posición delicada a cualquiera que lo tome en serio. El régimen ya castiga con años de cárcel la disidencia pacífica, y una invitación pública de Washington a colaborar con la inteligencia estadounidense le da un argumento adicional para acusar de agente extranjero a quien quiera señalar.

Fuera de la isla, el anuncio alimenta una expectativa que ya se ha repetido antes sin materializarse.

Ni los cubanos en Estados Unidos ni los que viven en España tienen hoy nada nuevo que seguir en las reglas de remesas, vuelos, visas o reunificación familiar.

Para los cubanos en España, los efectos de un eventual acuerdo serían, en todo caso, indirectos: rutas aéreas y conexiones hacia la isla, transferencias bancarias y envío de ayuda familiar, o la presión migratoria si cambiara el flujo de salida desde Cuba. Nada de eso se ha anunciado, y ninguno de esos frentes depende, por ahora, de lo dicho en Fort Myers.

Análisis: la declaración política y el paso diplomático que todavía falta

A nuestro juicio, conviene separar dos cosas que el mitin de Fort Myers mezcló a propósito: la declaración política de Trump y un paso diplomático comprobable.

La primera ya existe, y es la que genera titulares: un presidente que promete un trato y nombra a su secretario de Estado para cerrarlo.

El segundo, el que de verdad importaría para sanciones, remesas o visas, necesitaría una fecha, una contraparte identificada, una agenda y, sobre todo, una decisión regulatoria o legislativa detrás. Nada de eso apareció el 23 de octubre.

Lo que sí cambió ese día fue el tono: de la promesa de un acuerdo sin fuerzas armadas que Trump había hecho en septiembre, a la imagen de buques de guerra frente a la costa cubana que usó en Fort Myers. Esa oscilación retórica es, por ahora, el dato más estable de todo el expediente.

Mientras no haya una contraparte, una fecha y una decisión regulatoria detrás, la distancia entre el mitin y el trato sigue siendo la misma que separó las promesas anteriores de Trump sobre Cuba de sus resultados. Si quieres seguir cada paso de este expediente, puedes suscribirte al boletín de CubaFull.

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