El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, volvió a calificar a Cuba de «Estado fallido» y subió el tono contra el régimen justo cuando la diplomacia cubana libraba su propia batalla en Nueva York.
El cruce llegó casi en paralelo. Mientras Rubio insistía en que la isla «ya cayó», el canciller cubano, Bruno Rodríguez, recorría la sede de la ONU y la Arquidiócesis de Nueva York en busca de respaldo contra las sanciones de Washington.
No es un simple choque de declaraciones. Detrás hay una economía cubana que se hunde a un ritmo que ni el propio régimen puede maquillar, y un pulso con consecuencias muy concretas para las familias dentro y fuera de la isla.
Rubio: «Cuba ya cayó» y una amenaza para la seguridad de EE. UU.
En una entrevista con Fox News el 28 de septiembre, Rubio insistió en que Cuba es un «Estado fallido» y una amenaza para Estados Unidos. Dijo que la isla «no tiene una economía funcional» y que sus autoridades «podrán tener un gobierno capaz de encarcelar y matar personas, pero no es un gobierno funcional ni un país funcional».
No es la primera vez en 2026 que el secretario de Estado usa esa etiqueta para referirse a la isla.
Rubio fue tajante sobre el futuro: «mientras Trump sea presidente, nunca permitiremos que Cuba se convierta en una base de operaciones contra Estados Unidos».
También advirtió a los funcionarios cubanos que esperan a que termine el gobierno de Trump para evitar reformas: están equivocados y «aprenderán la lección por las malas» si no cambian de rumbo.
En su cuenta oficial en X fue más allá y calificó a Cuba de «amenaza persistente para la seguridad nacional» de Estados Unidos, a menos de 100 millas de sus costas, mientras «las élites del régimen siguen acaparando los recursos de la isla».
La delegación cubana abandona la ONU cuando Trump dice que la isla «va a caer»
La etiqueta de «Estado fallido» no nace con Rubio. Días antes, ante la Asamblea General de la ONU, Donald Trump ya la había usado y advirtió que Cuba «va a caer». Según constató Cadena SER, la delegación cubana abandonó la sala mientras el presidente estadounidense hablaba de la isla.
Tampoco es la primera vez que Rubio marca distancia frente a cualquier negociación con el régimen.
Bruno Rodríguez busca respaldo en Nueva York: la Iglesia y la ONU

Mientras Rubio hablaba en Washington, el canciller cubano llevaba el discurso contrario a Nueva York. Dos días antes, ante la Asamblea General, Rodríguez había subido el tono: «Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí», y calificó el embargo de «acto de castigo colectivo» y «crimen proscrito por el Derecho Internacional Humanitario».
El lunes 28 de septiembre, último día del 81 periodo de sesiones de la Asamblea General, Rodríguez hizo una «visita de cortesía» al arzobispo de Nueva York, Ronald Hicks. Según el propio canciller, hablaron sobre la relación histórica entre la Santa Sede y Cuba y sobre «el duro impacto en el pueblo cubano» del bloqueo económico, el cerco energético y la intimidación de Washington a terceros países.
No es la primera vez que el canciller eleva el tono ante ese foro: ya había hecho advertencias similares en intervenciones anteriores.
Contenedores bloqueados: la otra cara de la ofensiva cubana en la ONU

La gestión de Bruno Rodríguez en Nueva York no se quedó en gestos simbólicos. Ese mismo lunes se reunió con Tom Fletcher, coordinador de ayuda humanitaria de la ONU, y le actualizó sobre el daño diario que atribuye al bloqueo, el cerco energético y las sanciones secundarias de Washington.
Según el canciller, más de 7.000 contenedores con alimentos, medicamentos y dispositivos médicos permanecen detenidos en puertos por las presiones de Estados Unidos a navieras internacionales, lo que ha impedido que parte de la propia ayuda humanitaria de la ONU llegue a la isla.
Aun así, Rodríguez agradeció el esfuerzo de la ONU y sus agencias por facilitar la ayuda material «en estas difíciles circunstancias».
El trasfondo: sanciones, cerco energético y una economía que se hunde
Desde el 30 de enero está vigente la orden ejecutiva 14380, que declara una emergencia nacional respecto a Cuba y habilita aranceles contra terceros países que vendan petróleo a la isla. Es el «cerco energético» que Bruno Rodríguez denuncia como un bloqueo naval.
La economía cubana no da tregua. Según la CEPAL, la isla cerrará 2026 con una contracción del 10,3%, la peor caída de toda América Latina y el Caribe, muy por encima de Haití (1,9%) o Jamaica (1,2%). El organismo revisó al alza su pronóstico: en abril calculaba una caída del 6,5%.
Para 2027 tampoco hay recuperación a la vista: la CEPAL proyecta otra contracción, del 5,1%.
Con ese telón de fondo, la crisis energética se ha traducido en apagones que se extienden por horas en buena parte de la isla.
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Análisis: qué significa este pulso para los cubanos dentro y fuera de la isla
A nuestro juicio, este choque no es solo un cruce de discursos: marca el terreno en el que se jugará la relación entre Washington y La Habana en los próximos meses.
Eje | Washington (Rubio) | La Habana (Bruno Rodríguez) | Qué queda para los cubanos |
|---|---|---|---|
Seguridad | Cuba es un «Estado fallido» y una amenaza a menos de 100 millas de sus costas | «Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí»; EE. UU. como agresor | Más presión política, sin diálogo a la vista |
Economía | La isla «no tiene una economía funcional» | El bloqueo y el cerco energético asfixian a la población | Apagones y escasez de alimentos y medicinas |
Diplomacia | No hay negociación sin cambios políticos | Respaldo de la ONU y la Iglesia contra el embargo | Choque de narrativas, sin salida a corto plazo |
Las dos narrativas del pulso entre Washington y La Habana y lo que dejan para los cubanos.
Rubio ha dejado claro que no hay negociación posible sin cambios políticos, y que el régimen no puede simplemente esperar a que pase la administración Trump. Es una señal dirigida tanto a La Habana como a Miami: no hay atajos.
Bruno Rodríguez, por su parte, apuesta por internacionalizar el reclamo. Buscar el respaldo de la Iglesia católica, actualizar a la ONU sobre los contenedores bloqueados y repetir el discurso del bloqueo ante la Asamblea General es la estrategia de siempre del régimen: desviar la conversación hacia el embargo y esquivar la de sus propias responsabilidades en la crisis.
Que la delegación cubana abandonara la sala durante el discurso de Trump retrata bien el estado de la relación: no hay margen para el diálogo, solo para el choque de narrativas.
Para los cubanos en el exilio, el mensaje es doble. Washington confirma que mantendrá la presión. Y la ofensiva diplomática cubana busca ganar tiempo y simpatías internacionales, algo que ya logra cada año en foros como la ONU.
En lo inmediato, este pulso no cambia las reglas de los vuelos ni el envío de remesas, pero mantiene el clima de máxima presión que condiciona la economía de la que dependen las familias en la isla.
Lo que no cambia es la vida diaria en la isla: los apagones, la escasez de alimentos y medicinas, y una economía que la propia CEPAL sitúa como la peor de la región siguen ahí, al margen de quién gane el cruce de declaraciones esta semana.




