Rubio da por reducida la influencia cubana en Venezuela: La condición que Cuba no ha cumplido

El secretario de Estado de EE. UU. detalló lo que atribuye al gobierno de Delcy Rodríguez en Venezuela y explicó por qué, a su juicio, Cuba necesita un cambio mucho más drástico para recibir el mismo trato.

Redacción27 de octubre de 2026 · 6 min de lectura
Marco Rubio con banderas de Cuba y Venezuela de fondo, simbolizando la influencia cubana en Venezuela
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial: Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, junto a las banderas de Cuba y Venezuela. No es una fotografía real y no muestra ni documenta una escena, acto o acontecimiento real.

Vía Departamento de Estado de EE. UU.

Marco Rubio sostuvo este lunes 26 de octubre que el gobierno de Delcy Rodríguez cumplió una de las condiciones más sensibles que Washington le había puesto a Caracas: reducir la influencia cubana en Venezuela, también la iraní. Lo dijo en una teleconferencia con periodistas, sin cifras ni nombres, pero con una frase que marca la pauta de la relación entre los tres países.

El contraste llega en el mismo aliento. Según Rubio, Cuba no ha dado ningún paso equivalente, y por eso su régimen necesita, dijo, un cambio muy drástico que Venezuela ya empezó a transitar. La distancia entre ambos casos no es solo retórica: Washington exige cosas distintas a cada uno, y solo uno de los dos las está cumpliendo.

Lo que Rubio atribuye a Caracas va más allá de un gesto simbólico. La entrega de un hombre clave del entorno de Nicolás Maduro, la cooperación contra el crimen organizado y un repliegue que, según reportes ajenos a la Casa Blanca, ya se nota en la seguridad personal de la propia Rodríguez.

Qué le atribuye Rubio al gobierno de Delcy Rodríguez

Rubio atribuyó a las autoridades encabezadas por Delcy Rodríguez cuatro avances concretos y, sobre ellos, dio por reducida «de forma sustancial, si no eliminada» la influencia cubana e iraní en Venezuela. No puso cifras ni fechas a ese repliegue, pero sí enumeró los cuatro compromisos que, a su juicio, Caracas cumplió según lo pedido por Washington.

El primero es el cumplimiento de solicitudes relacionadas con la seguridad nacional de Estados Unidos, algunas de las cuales no detalló.

El segundo es la cooperación contra organizaciones criminales que operan desde territorio venezolano.

El tercero es la entrega de Alex Saab, señalado durante años como el principal operador financiero de Maduro. Saab se declaró culpable el 15 de septiembre de 2026 de un esquema de lavado de dinero y soborno, aceptó entregar 195 millones de dólares en activos y se comprometió a cooperar con la justicia estadounidense.

El cuarto es la continuidad de reformas políticas y económicas pactadas con Washington, entre ellas un nuevo Tribunal Supremo y un nuevo Consejo Nacional Electoral de cara a elecciones.

«No juzgamos por la retórica, sino por los hechos», resumió Rubio.

La reducción de la influencia cubana: qué cambió en Venezuela

La influencia que Rubio da por caída no se mide solo en cuántos cubanos quedan sobre el terreno, sino en el acceso, la protección y la inteligencia que La Habana dejó de controlar dentro del aparato venezolano.

Agentes cubanos de seguridad y personal médico comenzaron a salir del país en los meses previos a estas declaraciones, según reportó Reuters en febrero de 2026.

Delcy Rodríguez sustituyó la guardia cubana que protegía antes a Maduro y a Hugo Chávez por escoltas venezolanos. Esa misma información describe la retirada de asesores cubanos de puestos dentro de la DGCIM (la Dirección General de Contrainteligencia Militar), que entrenó al aparato represivo venezolano durante casi dos décadas.

La reducción no equivale a una salida total. La propia Reuters recogió entonces que parte del personal militar cubano seguía trabajando en Venezuela y que profesores cubanos continuaban formando a policías y agentes de seguridad en la universidad estatal del ramo.

El quiebre de esa alianza tuvo un costo humano conocido. 32 cubanos murieron en la operación del 3 de enero que terminó con la captura de Maduro, una cifra que el propio régimen de La Habana reconoció al decretar duelo oficial.

La presión de Washington sobre la transición venezolana

Rubio enmarcó esos cambios dentro de una estrategia de incentivos reversibles. Dijo que Venezuela sigue fuertemente sancionada y que buena parte de su actividad económica depende de licencias y exenciones que Washington puede retirar si el proceso se frena.

El objetivo que describió es una transición institucional negociada: nuevo Tribunal Supremo, nuevo Consejo Nacional Electoral y elecciones, como alternativa declarada a la violencia o al regreso del modelo anterior.

Por qué Cuba sigue sin ese trato

La diferencia empieza por el método: con Caracas, Washington negocia medidas concretas y reversibles; para La Habana no ha anunciado ningún proceso institucional equivalente. Preguntado por la estrategia hacia la isla, Rubio evitó entrar en detalles y se limitó a decir que Cuba necesita un cambio muy drástico y que es un caso totalmente diferente al venezolano.

La diferencia tiene un historial propio. Washington impuso en mayo de 2026 nuevas sanciones contra sectores enteros del aparato cubano, mediante una orden ejecutiva que sigue vigente.

A finales de septiembre, Rubio ya había descrito como objetivo para la isla una trayectoria irreversible hacia libertades políticas y económicas, y dijo preferir un cambio negociado al uso de la fuerza, sin descartarla si llegara a verse amenazada la seguridad nacional de Estados Unidos.

Parte de lo que separa ambos casos es la deuda que Cuba mantiene con Venezuela por años de suministro petrolero, hoy cortado: la isla ya arrastraba una deuda petrolera insostenible antes de que Caracas cortara el envío. Washington, además, ya había fijado antes las condiciones mínimas para negociar con el régimen cubano, un camino que La Habana todavía no ha recorrido.

Para los cubanos de fuera, el matiz importa: nada de lo que Rubio anunció toca de momento la vía migratoria, consular ni de viajes. El mensaje es político, no un cambio en los trámites que afectan a las familias a uno y otro lado del estrecho.

Análisis: una vara que premia resultados, no ideología

A nuestro juicio, el contraste que traza Rubio no responde a una preferencia por Caracas sobre La Habana, sino a un cálculo de resultados verificables. Delcy Rodríguez entregó algo que Washington puede señalar con nombre propio: a Alex Saab, ya declarado culpable; una guardia personal que cambió de nacionalidad; una alianza militar que se desmonta pieza a pieza.

Cuba no tiene un equivalente que mostrar. No hay un Alex Saab cubano, ni una fuerza de seguridad extranjera que replegar, porque el aparato represivo que preocupa a Washington es el propio del régimen.

Mientras ese gesto no llegue, Cuba seguirá recibiendo la advertencia más dura (un cambio muy drástico sin fecha ni mecanismo) y Venezuela, el beneficio de la duda que da el hecho consumado. La presión sigue siendo reversible para unos y, para el otro, sin plazo de cierre.

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