El Cangrejo rompe su silencio: el nieto de Raúl Castro defiende el giro económico del régimen

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, «Raulito» o «El Cangrejo», da su primera entrevista para pedir diálogo con Washington justo cuando el régimen impulsa 176 medidas que abren banca privada y preparan el fin de los subsidios.

Editorial CubaFull26 de junio de 2026 · 6 min de lectura
Cola frente a un puesto informal de cambio de divisas en La Habana en plena reforma económica de Cuba

Vía The National

Durante años fue un nombre que circulaba en voz baja, una sombra en la escolta del poder cubano. Ahora Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro al que apodan «El Cangrejo» o «Raulito», ha decidido hablar.

Lo hace en su primera entrevista internacional y justo cuando el régimen presenta el mayor giro económico en décadas: 176 medidas que prometen banca privada, casas de cambio y el fin de los subsidios.

La pregunta que sobrevuela todo es incómoda. ¿Por qué precisamente ahora, y por qué a través de un hombre que no ocupa cargo alguno?

Quién es «El Cangrejo» y por qué aparece ahora

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como «El Cangrejo», es una figura sin cargo formal que ahora habla por primera vez para defender la apertura económica del régimen. Su aparición coincide con el mayor paquete de reformas en décadas, pero no viene acompañada de ninguna señal de apertura política.

Durante años fue una de las figuras más fotografiadas del país sin tener un puesto público.

Se le vio de forma habitual en la escolta y el entorno más cercano del expresidente, lo que alimentó toda clase de especulaciones sobre su peso real en el aparato.

El medio emiratí The National, que publicó su primera entrevista el 19 de junio, lo describe sin cargo formal en el Gobierno, pero influyente y con línea directa al liderazgo cubano.

Que alguien así rompa su silencio en el mismo momento del paquete económico no parece casual.

En esa conversación, Rodríguez Castro insistió en que Cuba «no es una amenaza» para Estados Unidos y reclamó diálogo sin condiciones ni imposiciones.

Afirmó que la isla quiere diversificar su economía, atraer negocios e inversiones, y presentó la apertura como una mano tendida hacia Washington.

Conviene la cautela: el propio The National recuerda que no tiene cargo de gobierno, y no existe verificación independiente de que sea el «canal informal con Trump» que algunos le atribuyen.

Las 176 medidas del régimen cubano

El telón de fondo es el verdadero terremoto. El 18 de junio, Granma informó de que el primer ministro Manuel Marrero presentó ante la Asamblea Nacional «176 propuestas de transformaciones» agrupadas en 23 ejes.

Raúl Castro siguió la sesión por videoconferencia y Miguel Díaz-Canel estuvo presente en la sala, según el órgano oficial.

Aquí conviene precisar el matiz, porque no es menor. Granma habla de presentación y debate de las medidas. La agencia AP y El País las reportan ya como aprobadas y las describen como la mayor apertura económica desde la revolución.

Banca privada, divisas y remesas

El plan contempla participación de capital privado, cooperativo y extranjero en la banca, con bancos privados bajo supervisión del Banco Central, microcréditos privados y regulación de activos virtuales.

En lo cambiario, plantea casas de cambio privadas, un mercado de divisas digital en tiempo real, subastas de divisas y «devaluaciones sucesivas» del peso cubano.

También abre un canal privado para las remesas, una pieza clave para millones de familias que dependen del dinero que llega desde fuera.

Empresas estatales, acciones y quiebras

El paquete da más autonomía a la empresa estatal y, por primera vez, regula procedimientos de quiebra y liquidación de activos con pérdidas sostenidas.

Las empresas públicas podrían transformarse de forma gradual en sociedades mercantiles por acciones.

Más llamativo aún: actores no estatales y personas naturales, dentro y fuera de Cuba, podrían comprar acciones de empresas estatales «en la gradualidad que se defina».

Fin de subsidios y Fondo de Protección Social

El Gobierno quiere eliminar los subsidios a productos y trasladarlos a las personas, empezando por combustibles, electricidad, transporte y agua.

Antes, promete, debe crearse un Fondo de Protección Social para amortiguar el golpe.

El orden de los factores no es menor: si la subida de precios llega antes que la red de protección, el coste lo pagan los hogares que sobreviven con salario o pensión en pesos.

Análisis: un giro económico sin apertura política

Nuestra lectura es que el régimen reconoce de facto el fracaso del control estatal extremo, pero sin renunciar a una sola de las palancas del poder.

Se vende «un modelo económico muy cubano» y se invoca el socialismo, mientras se copian instrumentos de mercado que durante décadas se denunciaron como enemigos.

Lo que no aparece por ningún lado es la otra mitad de la ecuación: no hay liberación de presos políticos, ni elecciones libres, ni garantías de transparencia frente a GAESA y la élite militar que controla la economía real.

A nuestro juicio, ese es el verdadero examen. Una apertura que invita a invertir pero mantiene cerrado el espacio cívico no es una transición, es un rescate financiero del propio aparato.

Y todo ocurre con el país en emergencia. AP documentó el 22 de junio que Cuba solo produce el 40% del petróleo que necesita, con apagones severos, jornadas recortadas, escasez de agua y cirugías suspendidas.

Qué puede cambiar para los cubanos del exterior

El plan menciona de forma expresa la inversión de cubanos residentes fuera de la isla. La oferta es transparente en su silencio: capital sí, derechos políticos no.

Para quien envía remesas, los canales privados y las casas de cambio podrían agilizar los giros, pero siempre bajo supervisión del Estado cubano y sujetos a esas devaluaciones anunciadas.

El riesgo que asoma es el de una desigualdad mayor en la isla, entre quien recibe divisas desde Miami o Madrid y quien depende de un sueldo en pesos cada vez más débil.

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Lo que todavía no está confirmado

No hay constancia en fuente oficial cubana de que Raúl Guillermo Rodríguez Castro ocupe hoy un cargo formal en el Gobierno.

Tampoco está verificado de forma independiente que sea un «canal informal» con la Casa Blanca, más allá de describirlo como figura influyente.

Y conviene recordar la diferencia de matices: Granma habla de propuestas presentadas y debatidas; los medios internacionales las reportan como aprobadas. La aplicación real, con sus plazos y excepciones, está por verse.

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