Cuba envejece y se vacía a un ritmo que ya cuantifica hasta la ONU en cifras concretas. Según la última revisión de sus proyecciones demográficas, la isla podría perder casi la mitad de su población antes de que termine el siglo.
No es una hipótesis lejana ni un cálculo aislado. Los mismos síntomas que sostienen esa proyección ya se ven en las calles cubanas: menos nacimientos, más muertes que nacimientos y una salida constante de jóvenes hacia el exterior.
La cifra se puso sobre la mesa el 29 de junio, en un encuentro celebrado en La Habana y encabezado por Paula Narváez, directora regional del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) para América Latina y el Caribe, según trascendió en la prensa cubana. Ahí se presentaron los datos que sitúan a la isla en un escenario de contracción demográfica sin precedentes en su historia reciente.
La ONU ya pone cifra exacta al desplome
Según la revisión 2024 de las Perspectivas de Población Mundial de Naciones Unidas, Cuba podría tener apenas 5,6 millones de habitantes en 2100, frente a los cerca de 10,9 millones que el propio organismo calculaba para 2025. Es una caída de casi el 49% en menos de ochenta años.
La cifra no es exactamente la mitad, pero se le acerca lo suficiente como para justificar la alarma: la isla podría perder prácticamente uno de cada dos habitantes que tiene hoy.
La cifra oficial cubana parte de una base distinta. La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) mide desde hace unos años la llamada «población efectiva», que excluye a buena parte de los emigrados recientes. Con ese criterio, Cuba cerró 2023 con 10.055.968 habitantes y 2024 con 9.748.532, según datos de la ONEI. Para 2025, la población rondaría ya los 9,4 millones, según reportó UPI.
Año | Población proyectada |
|---|---|
2025 | 10,9 millones |
2050 | 9,4 millones |
2100 | 5,6 millones |
Proyección de población de Cuba según la revisión 2024 de las Perspectivas de Población Mundial de la ONU.
Menos nacimientos que en toda la historia reciente
El otro lado del problema es la natalidad, que se desploma año tras año. En 2020 nacieron 105.038 niños en la isla; para 2024 la cifra había caído a 71.374, casi un tercio menos en solo cuatro años, según datos de la ONEI.
En 2025 nacieron apenas 68.051 niños, la cifra más baja desde que existen registros, incluso por debajo de 1899, cuando el país salía de la Guerra de Independencia.
A esto se suma una tasa de fecundidad de apenas 1,30 hijos por mujer en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional, que ronda los 2,1.
El peso de la emigración
El envejecimiento y la baja natalidad no explican por sí solos el desplome. El factor que más pesa es la emigración masiva, la mayor ola migratoria que ha vivido Cuba desde 1959.
El golpe se siente en EE. UU. y España
Solo hacia Estados Unidos llegaron más de 850.000 cubanos entre 2022 y 2024, según un análisis de El País basado en datos de la agencia de aduanas estadounidense. La vía del parole humanitario que impulsó buena parte de esa salida ya no admite nuevas solicitudes, según confirma USCIS.
En España, la comunidad cubana ronda ya las 200.000 personas, según cifras del Instituto Nacional de Estadística.
Quienes se van son sobre todo jóvenes en edad laboral y reproductiva. Su salida no solo reduce la población de hoy: también apaga los nacimientos que no llegarán mañana, y deja a miles de familias cubanas divididas entre la isla, Miami y Madrid.
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Análisis: cifras que desmienten el relato oficial
A nuestro juicio, este dato desmonta buena parte del discurso oficial sobre «resistencia» y «continuidad». Un país no sostiene su relato de futuro con una población que podría reducirse casi a la mitad en ochenta años.
El propio régimen parece consciente del problema. La misma Comisión para la Dinámica Demográfica que participó en el encuentro con la ONU trabaja desde hace tiempo con ministerios y especialistas para intentar frenar el envejecimiento y la caída de nacimientos.
En mayo, el diario oficial Granma anunció tres nuevas leyes migratorias que eliminan el límite de 24 meses fuera del país y reconocen a los cubanos en el exterior como «residentes» en lugar de «emigrados».
Es una señal de que La Habana necesita las remesas, la inversión y los vínculos de quienes se fueron. Pero facilitar el regreso ocasional no revierte la fuga de la población en edad de trabajar y de tener hijos, que es la raíz del problema.
Mientras no cambien las condiciones económicas y políticas que empujan a los cubanos a irse, ninguna reforma migratoria evitará que la isla siga perdiendo, año tras año, a la generación que debería sostenerla.




