El canciller Bruno Rodríguez volvió a subir el tono frente a Washington. En una entrevista con CNN en Español difundida el 1 de julio de 2026, el jefe de la diplomacia cubana repitió una advertencia que ya había lanzado meses atrás desde La Habana: que una agresión militar de Estados Unidos contra la isla tendría un costo humano brutal para los dos países.
“Será un baño de sangre. Morirán miles y miles de cubanos y morirán también jóvenes estadounidenses”, dijo Rodríguez, en declaraciones que ya circulan con fuerza entre los cubanos en el exilio.
El canciller habló semanas después de que Washington acusara formalmente al general Raúl Castro Ruz y en medio del mayor despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe en años.
Qué dijo Bruno Rodríguez a CNN
Rodríguez advirtió que una agresión militar de Estados Unidos contra Cuba provocaría miles de muertos, cubanos y estadounidenses, y una respuesta con toda la fuerza del Estado cubano. La advertencia llega semanas después de la acusación contra Raúl Castro y en medio del mayor despliegue naval de Washington en el Caribe en años.
En la entrevista, emitida el 1 de julio, Rodríguez insistió en que la isla no representa una amenaza para Estados Unidos.
“Cuba no es ni puede ser una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Suena ridículo”, afirmó.
Dijo también que el régimen se prepara para defender su independencia “únicamente en legítima defensa” y que cualquier ataque será respondido “con toda la fuerza del Estado”.
Rodríguez añadió que existen conversaciones diplomáticas con Washington, pero que “no muestran progreso”. Fue más allá al hablar de una “contradicción flagrante” entre el trato respetuoso de sus contrapartes estadounidenses en esas conversaciones y la conducta pública del secretario de Estado, Marco Rubio, fuera de ellas.
La acusación contra Raúl Castro que tensó la relación
El 20 de mayo de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos formales contra Raúl Castro Ruz por el derribo en 1996 de dos avionetas civiles del grupo Hermanos al Rescate, en el que murieron cuatro personas.
Los cargos incluyen asesinato, conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves, presentados ante un tribunal federal en Miami.
Un portaaviones frente a las costas cubanas
Ese mismo día, el grupo de ataque del portaaviones USS Nimitz llegó al Caribe, oficialmente como parte de una misión de presencia y disuasión regional del Comando Sur.
No fue la primera vez que Washington agitó la carta militar. Semanas antes, en un acto en West Palm Beach, Florida, Donald Trump dijo que Estados Unidos “tomará Cuba casi de inmediato” en cuanto concluyeran las operaciones en Irán, y mencionó la posibilidad de acercar el portaaviones USS Abraham Lincoln a la isla. Lo dijo en tono desenfadado durante una cena privada, sin que la Casa Blanca formalizara después ningún plan militar concreto.
De Rubio a Trump: meses de escalada
La tensión no nació con la entrevista de julio. Ya en septiembre de 2025, Rodríguez había acusado a Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, de imponer una agenda “muy personal” contra la isla que, según dijo, sacrifica los intereses de Estados Unidos en nombre de una postura “extremista”. En esa misma entrevista con AP se mostró dispuesto a iniciar “hoy” un diálogo “serio y responsable” con Washington.
Washington ha reforzado en paralelo la presión económica. El 4 de junio de 2026, el Departamento del Tesoro sancionó a Miguel Díaz-Canel, a su esposa y a varios familiares de la dinastía Castro, sumándose a las sanciones contra empresas vinculadas al régimen que ya venía aplicando.
La crisis interna que acompaña el discurso de defensa
El discurso de resistencia llega en el peor momento económico de la isla en años. The Guardian describió apagones de hasta 20 horas diarias provocados por la falta de combustible para las plantas eléctricas, resultado del recorte de crudo que Estados Unidos impone al régimen.
“No tenemos combustible, no hay más reservas”, admitió el ministro de Energía y Minas semanas antes de que The Guardian documentara radares antiaéreos desplegados alrededor de La Habana y soldados entrenando en la televisión estatal bajo la vieja doctrina de la “guerra de todo el pueblo”.
El malestar ya se nota en la calle: en junio se repitieron los cacerolazos contra los apagones en La Habana, en algunos casos frente a viviendas de funcionarios del Estado.
Para las familias cubanas en Miami y en España, la escalada no es un debate lejano. Significa la posibilidad real de que sus parientes en la isla queden atrapados en un conflicto que no eligieron, mientras sufren cortes de electricidad y escasez de combustible cada día.
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Análisis: una advertencia con más cálculo que urgencia
El lenguaje de Rodríguez busca dos audiencias a la vez. Hacia dentro, refuerza el relato de un régimen asediado que necesita cohesión ante una amenaza externa, la misma lógica que sostiene la doctrina de la “guerra de todo el pueblo”.
Hacia fuera, apela directamente a la opinión pública estadounidense como freno a cualquier intervención.
Nada de lo verificado indica que un ataque sea inminente. El despliegue del Nimitz se describe oficialmente como una misión de presencia regional y ni Trump ni la Casa Blanca han fijado un ultimátum formal, más allá del comentario informal del presidente sobre “tomar” la isla.
Pero la combinación de una acusación penal contra Raúl Castro, un portaaviones frente a la costa, sanciones directas contra Díaz-Canel y la promesa de “miles de muertos” compone un escenario que el régimen usa tanto para prepararse como para presionar, justo cuando más expuesto está por dentro: sin combustible, sin electricidad estable y con una población que ya protesta en las calles.




