Para conseguir la confianza de una de las figuras más vigiladas del exilio cubano hacen falta años, paciencia y una identidad que nadie cuestione. Eso es lo que ICE atribuye a Fernando Armando Valdés Pérez: casi tres décadas moviéndose entre disidentes y figuras del sur de Florida sin levantar sospechas.
La agencia federal lo señala como un agente cubano infiltrado en el exilio desde mediados de los años noventa, con la tarea de reportar sobre comunidades de disidentes cubanos en Estados Unidos y América Latina. Su caso terminó en julio con un arresto en el aeropuerto de Miami.
Pero el expediente que ICE hizo público no solo describe una vigilancia prolongada: también reconstruye cómo Valdés Pérez habría entrado al círculo más cercano de Luis Posada Carriles y qué alega el gobierno estadounidense sobre la forma en que obtuvo su residencia legal.
Quién es Fernando Armando Valdés Pérez
Fernando Armando Valdés Pérez es un cubano de 61 años, con nacionalidad también guatemalteca y residente en Kendall, al que ICE señala como un activo de la inteligencia cubana infiltrado desde mediados de los años noventa en comunidades del exilio y la disidencia. Tenía estatus de residente permanente legal, fue arrestado el 10 de julio de 2026 y removido de Estados Unidos el 7 de agosto de 2026.
El arresto ocurrió en el Aeropuerto Internacional de Miami, en una operación conjunta de ICE, el FBI y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). Según el comunicado oficial, una investigación federal lo identificó como un activo de inteligencia cubana que ocultó su verdadera afiliación con el régimen al solicitar la residencia permanente.
ICE no ha precisado a qué país fue deportado, y los medios de Miami que cubrieron el caso han dado versiones distintas sobre su destino, así que ese dato sigue sin confirmación oficial.
El País US encontró que registros públicos de Miami-Dade sitúan a Valdés Pérez en una vivienda comprada en 2016, y que en esa misma dirección se registró en 2018 una empresa de habanos, Sr Valdes Cigars, de la que aparece como presidente. Ese perfil, dueño de casa y de un pequeño negocio en Kendall, es parte de la fachada que le habría permitido moverse sin levantar sospechas durante casi treinta años.
Cómo habría llegado a la intimidad de Posada Carriles
El expediente de ICE no describe a un infiltrado periférico. Valdés Pérez ganó la confianza del disidente anticastrista Luis Posada Carriles y se mantuvo cerca de otras figuras cubanas y cubanoamericanas conocidas del sur de Florida hasta el día de su arresto.
Posada Carriles fue detenido en Panamá en 2000 y permaneció preso hasta que recibió un indulto en agosto de 2004, tras ser condenado por delitos contra la seguridad colectiva y falsificación de documentos. Fue precisamente en esos años, según testimonios recogidos en Miami, cuando Valdés Pérez viajó varias veces a Panamá para visitarlo en prisión.
Ese acceso durante el momento más vulnerable de Posada Carriles habría sido, según quienes lo conocieron, la base de la confianza que mantuvo con él hasta la muerte del disidente.
Las sospechas que ya existían dentro del exilio
Santiago Álvarez, una de las figuras más conocidas del exilio histórico en Miami, dijo que otras dos personas le advirtieron desde el principio que Valdés Pérez pertenecía a la Seguridad del Estado cubana.
"Luis estaba ciego con él", dijo Álvarez sobre la relación entre Valdés Pérez y Posada Carriles, una frase que resume el desconcierto de una comunidad que vigila de cerca este tipo de infiltraciones.
Qué alega ICE sobre el fraude migratorio
La acusación central de ICE no es solo de espionaje: es que Valdés Pérez mintió en su solicitud de residencia al no declarar su vínculo con los servicios de inteligencia cubanos, lo que la agencia describe como fraude migratorio.
Matthew Elliston, director de la oficina de campo de ERO Miami, dijo que quienes ocultan vínculos con servicios de inteligencia extranjeros "explotan nuestro sistema migratorio y representan una amenaza seria para la integridad de ese sistema y nuestra seguridad nacional".
La normativa migratoria estadounidense contempla que el fraude o la tergiversación intencional de un hecho material en una solicitud puede hacer inadmisible a quien la presenta, incluidos los trámites de ajuste de estatus como el que habría usado Valdés Pérez para obtener su residencia.
Análisis: una infiltración que confirma un patrón, no una excepción
A nuestro juicio, lo relevante de este caso no es que exista un agente cubano deportado, sino la duración y la profundidad del acceso que logró: casi tres décadas y la confianza de una de las figuras más vigiladas del anticastrismo en Miami.
Es un patrón documentado desde hace años por desertores de la inteligencia cubana: colocar activos de perfil bajo, con paciencia de décadas, dentro de las organizaciones del exilio. Este caso aporta un nombre, un mecanismo migratorio concreto y una cronología verificable a algo que hasta ahora se discutía casi siempre en términos generales.
Que el propio exilio, en la voz de alguien como Santiago Álvarez, reconozca sospechas previas que no pudo probar durante años es también una medida de cuánto tiempo puede sostenerse una infiltración de este tipo antes de que el sistema migratorio la detecte.
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Qué pasa ahora
ICE no ha señalado cargos penales adicionales contra Valdés Pérez en Estados Unidos más allá del proceso migratorio que terminó en su deportación, y tampoco ha confirmado a qué país fue enviado. La agencia no ha dado detalles sobre si hay otras personas bajo investigación por el mismo tipo de infiltración.




