Colombia no tendrá embajada plena en Cuba y tampoco en Nicaragua, uno de los primeros gestos de política exterior del gobierno que releva a Gustavo Petro. La decisión reconfigura el mapa de aliados del régimen cubano en América Latina justo cuando Bogotá deja de ser una voz que lo respalda en foros internacionales.
El anuncio lo hizo el canciller designado, Omar Bula Escobar, diplomático con dos décadas de carrera en Naciones Unidas que asumirá la Cancillería el 7 de agosto de 2026, el mismo día en que el presidente electo Abelardo de la Espriella toma posesión tras ganar la segunda vuelta del 21 de junio de 2026.
"Una embajada en una dictadura, y he sido muy crítico desde que estaba en las Naciones Unidas, legitima la dictadura", afirmó Bula Escobar al justificar la medida, que aplicará tanto a Cuba como a Nicaragua.
Qué cambia con el cierre de la embajada
El canciller designado explicó el criterio que regirá la política exterior colombiana a partir de agosto, según recogió Infobae: "Nuestra preferencia es con países que compartan nuestro espíritu democrático, soberano y los valores occidentales. Con otros que no haya coincidencia, pues serán relaciones pragmáticas".
El cierre no equivale a una ruptura total. Bula Escobar dijo que Bogotá conservaría un canal mínimo con Cuba y Nicaragua a través de una figura de menor rango, como un encargado de negocios, en lugar de un embajador acreditado.
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Cómo llegó al poder De la Espriella y cuándo asume
De la Espriella ganó la segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026 frente al candidato de izquierda Iván Cepeda, por un margen de menos de un punto porcentual, el más ajustado en la historia de las segundas vueltas presidenciales del país, según El Tiempo.
Bula Escobar llega con el encargo de una "reingeniería" de la Cancillería centrada en pragmatismo y comercio exterior, según detalló El País. Durante la campaña, De la Espriella había planteado convertir las sedes diplomáticas en "agencias de venta" y dijo que el país necesitaba "agentes comerciales", no embajadores tradicionales.
El contraste con el gobierno de Petro
La decisión marca una ruptura clara con la política del presidente saliente. Gustavo Petro mantuvo una relación cercana con el régimen cubano durante su mandato y en septiembre de 2023 pidió a Estados Unidos retirar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, según reportó Infobae.
Washington rechazó entonces esa petición. El propio gobierno de Joe Biden sacó finalmente a la isla de la lista en enero de 2025, poco antes de dejar el poder, pero Donald Trump la reincorporó apenas un día después de asumir, de acuerdo con reportes de Público.
Qué pierde el régimen cubano en el terreno diplomático
Cuba fue durante años sede y país garante en los diálogos de paz entre el Estado colombiano y el ELN. Ese papel le sirvió al régimen para mostrarse como mediador regional y pesó en la decisión de Washington de sacar a la isla, en mayo de 2024, de la lista de países no cooperantes en materia antiterrorista, después de que Colombia retirara las órdenes de captura contra negociadores del ELN, según AP.
Ese canal de cooperación pierde peso con la salida de un gobierno colombiano dispuesto a facilitar gestos como ese. El régimen cubano se queda sin uno de los pocos aliados regionales que, además de mantener relaciones formales, le abría puertas ante Washington.
Israel también entra en el nuevo mapa exterior
El giro no se limita a Cuba y Nicaragua. De la Espriella también prometió restablecer las relaciones con Israel, rotas por Petro el 1 de mayo de 2024, y ya sostuvo una llamada con el presidente israelí, Isaac Herzog, para avanzar en ese restablecimiento, según Infobae.
El nuevo gobierno también busca estrechar lazos con Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump y sumarse al "Escudo de las Américas", la coalición que impulsa Washington contra el crimen organizado en la región, según recogió El País.
Análisis: la señal que envía Bogotá a la región
El cierre de la embajada no rompe el vínculo por completo, pero sí lo rebaja: sin un embajador acreditado en Bogotá, el régimen pierde interlocución de alto nivel justo cuando busca sostener alianzas frente a un aislamiento internacional que se ha ido estrechando.
El mensaje de Bula Escobar (una embajada en una dictadura la legitima) envía una señal a otros gobiernos de la región que aún mantienen misiones plenas en La Habana: el criterio democrático empieza a pesar más que la tradición diplomática. A eso se suma el giro de Bogotá hacia Washington y Trump, que deja al régimen cubano con un vecino regional menos que puede servirle de puente diplomático.




